La certeza del amanecer

Por Viridiana Nárud


Cuando el arte de hablar se denigra, se obliga al otro a escuchar. Se olvida que el oyente tiene una boca, que tiene derecho y una necesidad de pensar. Cuando uno como espectador sabe desde un inicio cómo va a terminar la obra es que lo que esa obra expresa ya se ha dicho antes. Esto es lo que sucede en “La certeza del amanecer”.

De regreso a mi casa, decepcionada de mi aventura teatral, traté de dilucidar por qué últimamente que asisto a obras de teatro prefiero no hacer una crítica o peor aún, dejar de ir al teatro. Así que comencé a desentrañar los hechos que hicieron de esta obra algo que ya he visto y que me hicieron regresar a casa decepcionada.

1. La escenografía: las gazas puestas sobre el escenario para hacer unas cuantas video proyecciones y ocultar la fealdad de la escenografía, sólo provocan que el espectador se aleje. Uno no puede ver los rostros de las actrices ni sus emociones. Además, cuando una escenografía es inútil siempre falla. Lo que sucedió. Uno de los tubos de las gazas cayó.
2. Las actuaciones: En México rendimos honor al melodrama, no ruso, que tanto fascina a nuestra escena teatral, sino al de las telenovelas. Durante cincuenta minutos tenemos a dos actrices sin un arco de transformación que gritan mucho y poco sienten. Gritar no es entender el texto ni actuarlo. La excepción es Yulleni Vertti, que sabe seducir desde un inicio al espectador.
3. La dirección: Cada escena que transcurre se encuentra desprovista de deseos y necesidades. El único arco de transformación que vemos en escena es en la escenografía. Vemos cómo de unas gazas mal cocidas, que nos introducen a un mundo de sueños, caen, dejando a su paso la fealdad del espacio.
4. La iluminación desafocada.
5. La dramaturgia: aunque se vende como pieza, este género no se encuentra. No existe una anagnórisis de los personajes ni el horror que este produce ante su reconocimiento. Al poco tiempo de estar escuchando la obra, pude saberse que terminaría con la frase que da título a la obra y con el desencuentro de éstas dos hermanas.

Por último, los creativos están en su derecho a expresarse, empero, deben tener en consideración que el otro invierte su tiempo e ilusión de alejarse de este mundo. De lo contrario, por qué tendría que sentarse a lado de extraños en un espacio oscuro. Invito a este grupo creativo, más que a la crítica, a la autocrítica, que sepan escuchar lo que dicen y ver lo que muestran. Seguramente obtendrán más respuestas en ese ejercicio.

Mañana o soñar con un mundo mejor

Por Fredo Godínez

I – Caminar por la ciudad escénica

Mi sueño de vivir y habitar en la CDMX se cumplió en 2014 cuando fui invitado a trabajar en el Fonca como Coordinador del Programa Nacional “México en Escena”. En ese entonces, poco o nada sabía sobre las artes escénicas. Además de ir conociendo a las compañías y sus proyectos -cruciales para el desarrollo cultural del país-, me fijé la meta de conocer uno a uno los espacios escénicos que estaban dentro de mi programa. Después vino la curiosidad de acercarme y conocer cuáles son los procesos para que el espectador pueda disfrutar de una obra.

En esos procesos de ir conociendo espacios apoyados por el Fonca, comencé a frecuentar otros espacios que, ya sea por el marketing o las obras atractivas que albergaban, me llamaban la atención. La primera vez que conocí el Teatro Milán/Foro Lucerna fue cuando asistí a ver la obra: Pulmones, actuada por Ana González Bello y Roberto Cavazos. Al salir, me esperé para felicitar a Ana, pues su actuación me había asombrado. Tiempo después coincidiríamos como público en Adiós y buena suerte que se estaba presentando en el Foro A Poco No; a partir de allí comenzaríamos una linda amistad teatrera que me fue haciendo nexos con tanta gente hermosa como Roberto Cavazos, Héctor Berzunza, José Ramón Berganza, María Panella, Hamlet Ramírez; por nombrar algunos. Relaciones que se fueron aderezando con cervezas para festejar el inicio o cierre de alguna temporada.

Es para mí, una disciplina y obligación moral ver puestas en escena donde estén involucradas personas que quiero y admiro.

Me gusta acompañar sus procesos y presenciar su evolución.

II – La interpretación y el texto

Reynolds Robledo es uno de los dramaturgos que han llamado demasiado mi atención. Su capacidad para manejar distintos niveles de humor y crear historias tan complejas como la vida misma son algo que siempre he apreciado de sus obras. Lobos por corderos, Sonámbulos y Réquiem son algunas de las obras que ha escrito y he tenido la fortuna de ver montadas.

Mañana, su más reciente obra, era muy atractiva para mí, por muchos sentidos: tiene dos amigos en su elenco (Ana González Bello y Héctor Berzunza), otro dirigiendo la obra (Cristian Magaloni) y dos más en el equipo de producción (Eloy Hernández y Ana Kupfer). A eso le sumo que la trama me parecía interesante y urgente para los tiempos que se están viviendo en México.

Mañana retrata la historia de Bran y Joel, una pareja que desear adoptar a Mila, quien tendrá que elegir entre ellos y otra pareja; el tiempo está encima, pues la pareja está por mudarse a Tierra 2; un mundo similar al que conocemos, pero corregido y perfeccionado. Un día como cualquier otro, la familia nuclear se reúne en casa de Bran y Joel para cenar y cual drama alemán (Festen), se desatan una serie de acontecimientos que marcarán el destino de esta pareja: el padre padece Alzheimer y la esposa quiere abandonarlo, así como otros sucesos que involucran a la hermana de Bran.

Robledo es muy optimista en Mañana, pues nos plantea un mundo donde ya no existen los prejuicios sociales y morales quedaron en el pasado, los niños son tratados como lo que son: seres inteligentes y, sobre todo, donde el amor parece ser el verdadero motor que mueve al mundo. Y digo optimista, pues México está rezagado en temas de derechos humanos, sexuales, sociales y de equidad; y este escenario parece muy lejano para nuestro país.

 

III – Mi introspección

Ver Mañana tenía tres alicientes: ver el progreso escénico de dos amigos queridos, conocer la reacción que tendrían mis papás ante temas -porqué católicos y poblanos- podrían incomodarles y festejar mi cumpleaños número treintaicinco.

Los objetivos se cumplieron.

Ana González Bello demuestra lo que dejo ver en Happy: hay una actriz con capacidad de manejar personajes complejos, sin olvidar su sello particular; y a leguas se nota su disciplina para trabajar en la escena. Por otro lado, Héctor Berzunza sigue demostrando una capacidad asombrosa para manejar con precisión a sus personajes.

Siempre he creído que el éxito de una buena obra de teatro requiere de cubrir muchos aspectos: gran marketing, excelente producción, dramaturgia novedosa; pero si estos aspectos no vienen acompañados de una gran dirección y un buen elenco, los resultados no serán necesariamente los esperados. Mañana logra un equilibrio perfecto al tener dos actores con amplia carrera en la escena como en la pantalla; otro par de actores que maduran a pasos agigantados y una niña que, tomando en cuenta su edad, sorprende por las tablas que tiene en el escenario. A eso habrá que sumarle la dirección acertada de Magaloni que los pone actuar tal y como solía jugar el Barcelona del Pep Guardiola. La dirección es tan precisa que los actores se mueven con tal naturalidad y frescura que a uno puede olvidársele que se está ante una ficción escénica y no ante un documental o una transmisión en vivo del día a día de una familia.

Y para rematar, mi padre (el más complejo de mi familia nuclear) aplaudió de pie al elenco de la obra.

 

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“Mañana”.

Dramaturgia: Reynolds Robledo.

Dirección: Cristian Magaloni.

Elenco: Verónica Langer, Juan Carlos Barreto, Pablo Perroni, Héctor Berzunza, Ana González Bello y Julieta Luna.

Música en vivo: Aldo Obregón.

Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn, 01020 Ciudad de México, CDMX)

Jueves y viernes: 8:30PM, sábado: 7PM y domingo: 6PM.

Hasta el 1 de marzo o último fin de semana.

Duración: 120 minutos.

 

Mis Bobul Gomers

una joya teatral de Puebla

Fredo Godínez

I – El descubrimiento

Durante los tres años y ocho meses que viví en la CDMX, no sólo conocí los Teatros más emblemáticos de “la región más transparente del aire” también tuve la oportunidad de asistir a un número importante de puestas en escena; gracias a mi paso por el Fonca y a mi necesidad de nutrirme de un género al que casi nunca pude acercarme correctamente en Puebla.

A mi regreso a Puebla, mi tierra natal, tenía dos miedos latentes: recaer en mis episodios ansioso-depresivos debido al estilo de vida (aburrido) al que te orilla el ritmo de vida de la Angelópolis y no poder presenciar una calidad alta en cuanto a las artes escénicas.

Sin embargo, la vida me tenía preparada una grata sorpresa: la existencia de un novísimo foro llamado: Puro Drama.

Puro Drama se volvió en el refugio perfecto para combatir mi ansiedad-depresión, para descubrir que en Puebla había más teatro (además de Sincronía Teatral y Talavera Cabaret) y, sobre todo: me acercó a personas bellas, amorosas y muy queridas.

Gaudenti Teatro es la compañía detrás o delante del foro y la creadora de grandes proyectos escénicos como “Mis Bobul Gomers”.

A Jesús Rojas lo ubicaba por haber dirigido, junto con Rafael Balderas (otro ilustre hincha de La Franja del Puebla), la puesta en escena: “Bare-Knuckle”; la cual ganó la 38 Muestra Nacional de Teatro y esa era la única referencia que tenía y me bastaba para animarme a ver una obra escrita, dirigida y actuada por él.

II – La interpretación y el texto

Un día, como cualquier otro, asistí a Puro Drama; a ver “Mis Bobul Gomers”.

No esperaba mucho, tan sólo disfrutar una obra cuya calidad, ya estaba garantizada, y que seguramente me haría rememorar algún momento de mi infancia, pues el título me recordaba a cierta marca de tenis que todo niño ansiaba tener.

Recuerdo que a esa función de estreno me acompañó una amiga que hice en el trabajo, que además de ser gestora cultural es también actriz.

La obra cuenta la historia de Alma y Adán, quienes se conocen en 1996 en el pueblo Achotal. A través de una narración narrada/actuada por ambas voces, el espectador realizará una especie de tour de forcé por una historia de amor a la antigüista: cartas y miradas tiernas a distancia que durará muchos años, pero que se verá interrumpido, porqué la vida y el destino -a veces se juntan cuando están aburridos- y nos ponen pruebas por mero deporte y entretenimiento. Luego, vendrá una vuelta de tuerca propia del presente que día a día vivimos en este país tan cruento, violento y asesino.

“Mis Bobul Gomers” lo tiene todo: amor y dolor, añoranza y realidad, risa y llanto; reflexión y crítica sin caer en panfleto teatral.

Jesús Rojas dialoga y forma parte de la dramaturgia contemporánea que están realizando Alejandro Ricaño, Ro Bada, Reynolds Robledo, Rodolfo Guillén, Jimena Eme Vázquez: obras que a través de una historia sencilla son capaces de llevar al espectador a una profunda reflexión, concientización y análisis del nuestra realidad y entorno, y que al mismo tiempo buscan que uno empatice y, por ende, se identifique y lo demuestre por medio del llanto y la risa.

III – Mi introspección

“Mis Bobul Gomers” me vino a recordar que hay muchas cosas valiosas, pero que la rutina, el día a día, hacen que uno le pierda valor y sentido.

Aunque resulté obvio, la existencia de uno en este plano de la existencia que llamamos vida terrenal; un día se esfumará de la forma más cruel o lenta y agonizantemente. Por eso, cada día tendríamos que agradecer el frío, el calor, el sol, la lluvia… y sí, abrazar, besar y querer a todas las personas que consideramos esenciales en nuestra vida y les dan significado a los latidos de nuestro corazón.

“Oler la sangre”, “Lo que queda de nosotros”, “El amor de las luciérnagas”, “Cachorro de León” y “Las chicas del Carret Notariat 10” eran las obras que podían presumir el logro de haberme provocado un llanto amplio. “Mis Bobul Gomers” ha ganado su lugar en esa lista y me emociona que sea una obra, orgullosamente poblana.

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“Mis Bobul Gomers”.
Dramaturgia: Jesús Rojas.
Dirección: Jesús Rojas.
Elenco: María Fernanda López y Jesús Rojas.
Música en vivo: Aldo Obregón.
Iluminación: Miguel González Espinosa.
Producción General: Ana Paula Martínez.
Compañía: Gaudenti Teatro (Puebla).
Teatro La Capilla (Calle Madrid 13, Col. Del Carmen, Alcaldía Coyoacán, CDMX)
Viernes: 8PM, sábado: 7PM y domingo: 6PM.
Del 17 al 19 de enero de 2020.
Duración: 55 minutos.

Acá en la tierra

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

En algún momento de nuestra infancia esperamos la noticia de “eres adoptado”, “tus verdaderos padres son…” sin embargo, conforme crecemos en nuestra familia los vamos aceptando y nos adaptamos a ellos. Un día, esa interrogante desaparece, empero, esa sensación de no ser parte de ese núcleo se mantiene oculta.

“Acá en la Tierra” es la historia de Lolo, un niño extraterrestre que espera a su familia en el planeta Tierra. Manda mensajes al espacio en espera de una respuesta y rogando que vengan por él pronto. Conforme avanza la trama, entendemos que Lolo es un niño transgénero que no se identifica con el género que una sociedad le impuesto.

En su soledad, se encuentra con Dolores, una mujer de intendencia que posee el súper poder de la invisibilidad. ¿Cuál es la moraleja? Esta sociedad invisibiliza a todos aquellos que no pertenecen al promedio. Dolores es una mujer que con la edad se volvió invisible y Lolo, busca el no ser visto para no sufrir más.

“Acá en la Tierra” es una obra que busca visibilizar a los invisibles y que puede ayudar tanto a niños como padres a entender lo que puedan estar viviendo dentro de sus hogares o con un familiar o amigo. El conocimiento puede desembocar en empatía y dejar atrás el odio. Esta obra nos invita a conocer y dejar atrás la intolerancia.

 

ACÁ EN LA TIERRA
De Luis Eduardo Yee
Dirección Rebeca Trejo
Con Assira Abate, Vicky Araico y Mahalat Sánchez.
Sábados y domingo 13:00 horas hasta el 15 de diciembre de 2019
Teatro Milán (Lucerna 64, esquina Milán)
Duración aproximada: 80 minutos.
Clasificación: Todo público.
Boletos:  Entrada general $250.

Pogo

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

Pogo es la historia de John Wayne Gacy, un hombre que se disfrazaba de payaso para divertimento del vecindario y en la oscuridad de su sótano era un asesino serial de adolescentes. Su historia fue tan conocida que Stephen King se inspiró en él para escribir su novela “Eso”, de la cual se desprendió una franquicia cinematográfica muy lucrativa.

En México David Rodvel nos presenta una versión de “Pogo, el payaso asesino” poco clara. No es suspenso, tampoco es terror. Las convenciones dentro de esta puesta en escena se encuentran nulificadas. Las convenciones sólo sirven para hacer de la ficción una realidad y si este universo se rompe, el espectador sabe que esta dentro de una gran mentira llamada teatro. Es vital para un director entender que el teatro es una ilusión y que al romperla nosotros los espectadores sabemos que estamos ante una gran mentira. Es como el mago que revela sus trucos frente a la cámara.

Si bien es cierto que David Rodvel nos dibuja un universo poco claro, la apuesta es interesante y necesita ser depurada. Primero, la cita es en el Foro Contigo América, un espacio en la Nápoles, en extinción. La gentrificación no ha llegado a esa calle de la colonia, casas viejas que nos remontan a los años setenta; el foro en su descuido muestra el paso de los años y su historia. Ideal para contar la historia de un asesino serial de los años setenta. Al entrar, uno ve reproducciones de las obras que Pogo hizo en sus años de prisión, también ve una pequeña historia de los asesinos seriales, en el centro, sin razón aparente cuelga un traje de payaso. Traje que perteneció a John Wayne y utilizaba para entretener a niños del vecindario. Al final, la actriz se encarga de aplaudirle. Bien, esta información que estoy dando nunca es revelada. Uno no sabe que la pintura es una reproducción de Pogo, ni que el traje fue suyo.

Las actuaciones de Luis Ernesto Verdín y Daniel Mandoki permiten que la obra se mantenga. En el monólogo de John Wayne, Luis Ernesto Verdín, nos presenta a un hombre atormentado por su pasado y alter ego, sin embargo, cuando Pogo aparece, los gritos se apoderan de la escena y uno deja de escuchar lo que se dice.

Pogo es una apuesta teatral que necesita someterse a un rigor de dirección. El talento de actores se encuentra. El concepto que trata de ser una experiencia también está apuntalado, pero mal ejecutado. Se necesita un punto de vista que guíe la historia. ¿Qué se quiere mostrar en escena? ¿Qué se quiere comunicar al espectador? ¿Por qué si se tiene un objeto como el traje original de Pogo en escena y se le rinde homenaje, nosotros espectadores no sabemos? ¿Si es una historia de terror por qué no se define el universo de éste y se respeta?

Pogo es una apuesta que en su ambición se puede fragmentar. Sería necesario recordarle al director que menos es más.

POGO. Sábados 9, 16 y 23 de noviembre a las 20 hrs, Foro Contigo América (Arizona #156, Col. Nápoles)

Crítica: La reunión

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)


El contar cuentos en la Historia de la humanidad ha sido un arte que requiere de oficio. El romper las reglas necesita de maestría. Una historia debe tener un inicio, un intermedio, un clímax y un final. El orden no importa. Se puede comenzar por el final y contar una historia. Si nos vamos por la línea de la Nouvelle Vague en donde se busca la máxima libertad de expresión sin ataduras técnicas, encontramos dentro de esta ruptura una necesidad íntima y honesta de expresión, que no deja de emocionar al espectador. Un claro ejemplo es Jean Luc Godard en donde sus filmes muestran, en su mayoría, la expresión intima de sus personajes sin seguir ninguna regla narrativa. Crea una nueva manera de hacerlo. Por lo tanto, vemos que se ha roto la regla para crear una nueva forma: ya no se habla del mundo exterior de los personajes y cómo es que éste afecta sus vidas; se habla del mundo interior y cómo éste crea el mundo de los personajes.

En el caso de “La Reunión” nos enfrentamos a una dramaturgia sin rigor alguno: el tono y el género se hacen a un lado y por lo tanto no sabemos a qué nos enfrentamos. ¿Podría ser esto algo innovador e interesante? En teoría, esta obra es la reunión entre la Reina Isabel la Católica y Cristóbal Colón; en este encuentro los personajes comienzan hablar de la conquista de las Indias, la esclavitud y la masacre de los indios. No hay matices: Cristóbal es un malo cínico e Isabel una reina sin mucha personalidad. Mientras transcurre la obra, uno llena con nuevos datos lo que fue la Conquista, sin tomarlos muy en serio porque, además de estar dentro de una ficción, tampoco se arrojan datos duros. La permanente tibieza es la constante de la obra.

La dirección de Pilar Boliver se vuelve protagonista y enfrenta lo que todo director hace cuando no sabe contar una historia: juega con la escenografía haciendo trazos escénicos innecesarios que no cobran sentido. También la creación de cuadros, antigua escuela del teatro, se vuelve predecible. Sin entender que el cuadro se encuentra guiado por la emoción del personaje y que ésta es la que guía la dirección, no al contrario. La escenografía de Matías Gorlero es sobria y hermosa, justa en su medida. Los actores son buenos, sólo se enfrentan a una trama sin sentido.

Al final, todo se resuelve en un Deus ex machina. Fantasmas y muertos cobran vida. No es terror, tampoco es histórica. Una obra que en su pretensión se quedó corta y que recuerda que el saber contar historias es un arte y que en el teatro incumbe tanto al dramaturgo como al director. Los actores, como nobles del arte, sólo se someten a estas dos voluntades.

 

DATOS DE TEMPORADA

La Reunión se presenta hasta el 1 de diciembre los viernes a las 20:30 horas, sábado 19:00 horas y domingo 18:00 horas. El costo del boleto es de $300. Las localidades están disponibles en la taquilla del
Centro Cultural Helénico ubicado en avenida Revolución 1500 y en la página de internet www.helenico.gob.mx

Reseña: LOS CAMINANTES

Por Viridiana Nárud @viridianaeunice

En “Los caminantes”, Luis Ernesto Verdín junto a Javier Sánchez, David Sicars, Alberto Santiago y Karen Daneida demuestran la importancia del arte de la actuación. Demuestran cómo el entrenamiento físico y emocional pueden hacer de una obra poco compleja en la trama, alta en su inmersión emocional, poesía.

La obra de Verónica Musalem busca dejar atrás a la razón para lograr un texto donde la poética del amor y el erotismo cobren vida. Sin embargo, en ocasiones se resiste a dejar por completo la lógica forzando al texto a dar explicaciones lógicas en un universo en dónde no se encuentran.

“Los caminantes” más que una obra, es un espectáculo emocional que logra conectar con el público por el ritmo y cadencia de lo dicho y la interpretación de los actores. En definitiva, este quinteto demuestra cómo la fuerza de cuerpos y emociones entrenados puede alcanzar la poesía dentro de un escenario. Un espectáculo necesario en nuestros días en dónde la brújula de nuestro Amor se encuentra perdida.

LOS CAMINANTES
De Verónica Musalem

Con: Javier Sánchez, Luis Ernesto Verdín, David Sicars, Alberto Santiago y Karen Daneida

Lunes y martes 8:00 p.m. Hasta el 10 de diciembre.

Boletos $150

Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (Av. Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n, Col. Polanco Chapultepec)

Reseña: Perderlo todo, menos la soledad

O cómo encontrarse con el “yo” y el “otro”.

Fredo Godínez (@AlfiePingtajo)

I – ¿Cómo se llega a una obra?

Muchas veces he sostenido un sinfín de conversaciones con hacedores, gestores y amantes del Teatro sobre el por qué eliges ir o no a ver una obra.

El lugar común suele ser: elenco, dramaturgo, director, sinopsis de la obra y en extrañas ocasiones la compañía productora.

El título de la obra no es una de las elecciones de las personas con las que llegué a hablar. Y es que a veces el nombre puede ser referencial, poético o inspirado en alguna escena o palabra que se repite mucho.

En esta última visita a la CDMX, hice una elección basada en tres motivos: conocer la dramaturgia y actuación de Valeria Fabbri, y lo poético del nombre: “Perderlo todo, menos la soledad”.

 

II – El “yo” ante la obra.

Después de la espera acostumbrada entro en la sala, primera fila y en medio, siempre me ha gustado ver las obras desde ese lugar. No me gusta ver las cabezas de nada y no quiero que nada me estorbe para ver limpiamente a las actrices y actores, así como al escenario.

Me impresiona ver un escenario que bien podría participar dentro de las exposiciones/intervenciones arquitectónicas que se instalan en la Alameda Central, dentro del famoso Mextropoli.

Lejos de parecerme ruidoso, me llamó la atención saber cómo iban a utilizar la misma a lo largo de la obra.

La obra ha comenzado y en la parte más alta del escenario, aparece -la que asumo será- la protagonista de la obra. Su presencia vocal y actoral en escena lo marcan. Y como dictan los recetarios de escritura: la primera escena atrapa y llama la atención: algo extraño le está pasando a la protagonista y no sé qué es. Sólo sé que tiene unas ganas de volverse invisible en una ciudad, donde esa ya es una condición de vida. Sin embargo, la protagonista vive una etapa de esas que uno suele tener: soltar todo y largarse sin mirar atrás. Ella ha deseado cambiar de aires y se ha ensimismado tanto en ese deseo que sin darse cuenta ya recorrió toda la línea 2/línea azul del metro y está llegando por tren ligero al Estadio Azteca.

Luego, también sin darse cuenta, se percata que su cuerpo sigue en la estación Zócalo del Metro y ella anda en algún otro lugar del mundo. Posteriormente le invade un ansia de reencontrarse con su cuerpo y al mismo tiempo entender lo qué está viviendo.

De pronto, como todo viaje místico, aparece una especie de Virgilio que se ofrece a ayudarle a encontrar su cuerpo. Él puede hablar con ella, pero no pueden verse y si eso no fuera suficiente para tener una extraña comunicación, este acompañante “místico” es un hombre mayor y con un estilo muy “propio” de hablar que provoca, constantemente, muchos errores en su comunicación.

Después de estas escenas que acontecen relativamente rápido, se vienen una serie de vueltas de tuercas que rematan y rompen al espectador o al menos a mí sí me rompió. Dejándome un sabor agridulce en la boca.

El escenario es certero. Es bien usado por los actores a lo largo de toda la obra y al final forma parte de una de las tantas metáforas que tiene.

 

III – El “yo” después de haber visto la obra

La potencia dramatúrgica y -por qué no decirlo- poética que despliega Fabbri en su texto es maravillosa. Con escenas poco pretenciosas y sí precisas y muy metafóricas logra entregar al espectador una obra que invita a reflexionar sobre: las ausencias comunicativas que tenemos como sociedad; el distanciamiento lingüístico que tenemos con las generaciones que nos antecedieron; el lugar que nos gustaría ocupar en el mundo y la forma en que nos percibimos como individuos ante nosotros mismos y ante la masa.

Entré esperando una obra que hablará de la soledad desde un punto de vista, casi romántico, y salí confrontado con mis procesos internos que estaba y sigo viviendo: saber cómo afrontar la soledad circunstancial y la soledad que uno elige; seguir aprendiendo a vivir con mis grandes lapsos depresivo/ansiosos y no fracasar en el intento.

A veces es tanta la desolación que he olvidado que puede uno sobrevivir sin el cariño o comprensión del otro, pero cuando pierdes el propio; entonces ya se convierte uno en un muerto viviente.

Y al mismo tiempo; esta obra me vino a recordar que mientras sepa dónde y cómo estoy, será más fácil que alguien logré encontrarme para acompañarme el tiempo que la vida y la circunstancias lo permitan.

A veces, dicen por allí que para encontrarse es necesario extraviarse un poco.

 

IV – Epílogo

No sé, si en verdad este es el objetivo del texto y de la dirección de la obra; empero yo salí de esa forma. Cada uno tendrá su propia versión/visión/sensación de la obra y en eso radica la belleza del Teatro.

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“Perderlo todo, menos la soledad”.
Dramaturgia: Valeria Fabbri.
Dirección: Cecilia Ramírez Romo.
Elenco: Miguel Flores, Paulina Méndez y Valeria Fabbri.
Teatro La Capilla (Calle Madrid #13, Col. Del Carmen, Alcaldía Coyoacán, CDMX).
Jueves: 8PM.
Hasta el 26 de septiembre de 2019.
Duración: 80 minutos.

Blackbird: una obra oscura y necesaria

Por Fredo Godínez (@AlfiePingtajo)

I – El origen

Escrita en 2005, el dramaturgo de origen escocés se inspiró en los crímenes cometidos por Toby Studebaker en Estados Unidos.

Dicha obra ya ha sido llevada al cine bajo el título de “Una” y se estreno en 2016 en el Festival de Cine Telluride.

“Blackbird” se desarrolla en una caótica oficina donde trabaja Ray (55 años), quien es sorprendido al ser visitado por Uma (27 años); una mujer con la que se relacionó sexualmente hace 15 años.

 

II – La interpretación y el texto

Cassandra Ciangherotti interpreta de forma precisa a Uma, una mujer que durante 15 años sigue tratando de asimilar la violación sufrida por parte de Ray. Y que por extraño u oscuro que parezca ha desarrollado un apego emocional que raya en el enamoramiento.

Alejandro Calva da vida a Ray, un hombre que hace 15 años sintió atracción por Uma, de tan sólo 12 años. Con ella tuvo relaciones sexuales y pagó una condena de varios años en prisión. Tiempo después huye de la ciudad donde vivió por años para comenzar otra vida, con otro nombre, en otra parte del país.

Cassandra y Alejandro interpretan de forma magistral la extraña relación que existe entre violador y violada, seductor y seducida. Ambos habitando en dos mundos diversos: Ray se encuentra huyendo de un pasado y de una atracción anormal que le atormentan. Uma vive atormentada buscando regresar al pasado para comprender los sentimientos encontrados que la gobiernan. Habitar el presente para reencontrarse con la única representación de amor que ha conocido en vida.

Katina Medina Mora ha decidido llevar a escena una obra con una temática compleja, controvertida y oscura. Se ha valido de un par de actores que con la precisión del bisturí de un cirujano logran una interpretación nota por nota.

 

III – Mi introspección

Para todos los que habitamos en este país bello y doloroso, al mismo tiempo, no nos resulta ajena la situación violenta por la que están pasando las mujeres, y con ello la necesidad de reconfigurar la forma en la que nos relacionamos hombres y mujeres, sociedad en general.

Por ello “Blackbird” resulta una obra compleja para los tiempos que estamos habitando, pero necesaria para poner las cosas sobre la mesa y analizar (desde todas las perspectivas) lo que nos ha venido definiendo como la raza animal que somos.

El arte nunca debe aleccionar, pero sí debe confrontarnos y cuestionarnos. “Blackbird” no sólo confronta y cuestiona, también incomoda.

No sé si es virtud propia del texto o gran atino de la dirección y el talento actoral, pero la obra parece un partido de tennis donde los protagonistas bien podrían ser: Serena Williams vs María Sharapova o Roger Federer vs Novak Djokovic. La conversación existente entre ambos personajes parece tener al espectador yendo de un lado a otro, “aplaudiendo o celebrando en los adentros el punto defendido por cada uno”. Sólo que este partido se desarrolla al revés, los jugadores buscan recuperar lo perdido, y con ellos sanar las heridas del juego.

 

IV – Una obra que debe ser vista

“Blackbird” podría mirarse desde dos perspectivas: la del abuso de poder y la de una historia de amor imposible e inadecuada para una sociedad, aún conservadora, como la nuestra. Si partiéramos desde el segundo punto de vista, esta obra narra la historia de un amor interrumpido entre un hombre adulto y una menor de edad, el cual ha sido juzgado sin comprender sentimentalmente a los involucrados. Tiempo después se reencuentran para darse cuenta de que uno ha estado toda la vida huyendo, pues no sabe qué hacer con ese amor imposible y la otra no ha descansado hasta dar con su amor eterno. Y busca darle vida, ahora que las circunstancias podrían permitir su existencia, sin juzgamiento alguno.

Ahora bien, si analizamos la historia desde la primera perspectiva, entonces estamos ante un relato de abuso sexual. Donde un hombre mayor se aprovecha del estado de indefensión e inocencia de una niña para iniciarla tempranamente en su sexualidad. Y ésta ante la confusión y la incomprensión del hecho, ha vivido una vida donde no sabe si lo que necesita es una disculpa.  O está experimentando una especie de apego/codependencia con su agresor que, al parecer, ha representado la única experiencia sentimental y sexual que la protagonista ha tenido.

Sin duda, “Blackbird” es una obra que debe ser vista por todos. Debe servir como punta de lanza para comenzar a discutir: la diferencia entre amor y deseo; los distintos tipos de deseo sexual que existen; comprender el amor y el deseo desde la psique, pero también desde la filosofía. Definir cómo podríamos, deberíamos y tendríamos que actuar ante los distintos tipos de deseos sexuales que existen. A la vez, entender y comprender que los delitos de índole sexual no sólo deben ser castigados con privación de la libertad sino venir acompañados de una asistencia psicológica y sexual. Para que el infractor, realmente, logre comprenderse, controlarse y con ello rehabilitarse.

En fin, existe mucha brecha por recorrer en estos ámbitos. Y la mejor forma de abrir el debate y sensibilizarnos es por medio de las expresiones artísticas. Vayan pues a ver “Blackbird” y abramos el debate.

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“Black Bird”
Dramaturgia: David Harrrower.
Dirección: Katina Medina Mora.
Elenco: Cassandra Ciangherotti y Alejandro Calva
Foro La Gruta del Teatro Helénico (Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn, Alcaldía Álvaro Obregón, CDMX)
Viernes: 8:30PM, sábados: 5 y 7PM y domingos: 6PM.
Hasta el 29 de septiembre de 2018.
Duración: 75 minutos.

Reseña: LA FE DE LOS CERDOS

Por Viridiana Nárud

Los cerdos mantienen la esperanza hasta el final incluso cuando ven la sangre correr a la hora de morir. Esa es la metáfora que encierra esta obra escrita por Hugo Abraham Wirth, uno de los dramaturgos mexicanos más sólidos de su generación. Quienes conocemos su dramaturgia sabemos que goza del humor negro y la transgresión, acompañadas siempre de la reflexión ¿qué es el ser humano?

Para públicos sensibles las obras de este dramaturgo pueden resultar perturbadoras, no por ello dejan de ser necesarias. En esta ocasión, el colectivo Proyecto 42 tomó en sus manos “La fe de los cerdos” y decidió hacer una interpretación del texto más simbólica que explícita. Aunque en ocasiones las actuaciones resultan desiguales, cabe destacar la capacidad de estos actores por arriesgar ante una nueva dramaturgia y sus complejidades escénicas y emocionales.

Parece que la tarea del colectivo Proyecto 42 es dar al público teatral nuevas ofertas y generar nuevas audiencias. Será necesario que continúen explorando su búsqueda. Lo importante es que han abierto una brecha en el camino del teatro mexicano. No lo pierdan.

 

LA FE DE LOS CERDOS

De Hugo Wirth
Dirección Proyecto 42.

Foro El Cubo (Julián Grajales Robles 28, Col del Valle Centro)
Funciones: Viernes 8:30 pm y Sabado 7:00 pm hasta el 29 de junio de 2019.

Boletos: $150