Crítica: LA DIVINA ILUSIÓN

“Y LA FICCIÓN BOYANTE”

Por Óscar Alberto Fontana * (@fontanaoscar)

No es la primera vez que el director Boris Schoemann elige un texto del canadiense Michel Marc Bouchard, ya lo había hecho en el 2014 con “Tom en la granja”, y un año después con “Bajo la mirada de las moscas”, presentada en el teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque. Este año dirige otro de sus textos, bajo el cobijo de la compañía Petit Comité, a quienes debemos recientemente, por cierto, el muy afortunado montaje “El juego de la silla” de la argentina Ana Katz.

 

Para quienes conocen los dos textos de Bouchard a los que hice referencia al inicio, quizá coincidan en que ambos comparten un tono denso, pesado, y quizá, hasta un poco negro. Pues en esta ocasión, la historia es distinta. Se trata de un texto jocoso, que gira en torno a la visita de la actriz Sarah Bernhardt a Canadá en 1905. El texto que se vale inteligentemente de una anécdota por demás fecunda, donde a partir de declaraciones polémicas que hace Bernhardt acerca del rezago cultural del país, propicia un beligerante conflicto entre la iglesia y el teatro; conflicto que ya se antoja turbulento desde que se lee en la sinopsis del programa de mano.

 

Lo que sigue es la consecuencia de un texto sumamente entretenido. La dirección del Schoemann hace que las horas se diluyan por el magistral dominio del tempo y ritmo de la obra, es decir, no hay oportunidad de fugarse, lo que sucede en escena es urgente, y entonces, el celular y los bostezos deben esperar. Y destaco esto porque, por lo menos en estos tiempos, la gente que hace teatro se está rindiendo ante la indolencia del espectador frente a un montaje de más de noventa minutos.

 

Retomando el sentido, es necesario mencionar que, además de los elementos de tempo/ritmo en el montaje, es necesario destacar el magnífico trabajo de vestuario y escenografía; gracias a esto y a la diestra manera en que se resuelven los espacios, se logra recrear perfectamente el ambiente en el que se desarrolla cada escena. Todo esto confluye en un bellísimo cuadro escénico. El cuidado de todos y cada uno de estos elementos coadyuvan, finalmente, a la gran sofisticación de la puesta en escena.

 

Aunque el trabajo de los actores no es malo, sí es irregular. Sobre todo, apuntaría la búsqueda de unidad tonal, sin embargo, esto no es un problema grave. Creo que, hasta cierto punto, es algo normal; no es sencillo trabajar con once actores en escena. Y a propósito de lo anterior: este es un montaje de rostros conocidos, de certezas, pero también de vicios y de comodidades, claro, a cada quién lo que le toca. Este negocio es así: somos falibles como actores, pero el director posee una facultad privilegiada en el montaje: tiene la sensibilidad para percibir cualquier falla o inconsistencia en la escena, además de un panorama mucho más extenso de lo que sucede al frente, con sus actores, con su ficción, con su micro(macro)cosmos escénico, y en él debemos confiar.

 

Aquí está una prueba, aquí está el bozal. Tenemos un montaje entretenido, bello, atractivo y necesario. Tiene las características, sí, para estar en el teatro Insurgentes, pero llena Teatro La Capilla. También dura más de noventa minutos, pero definitivamente cada segundo vale la pena.

 

“LA DIVINA ILUSIÓN”

Dramaturgia: Michael Marc Bouchard.

Dirección: Boris Schoemann.

Con: Pilar Boliver, Miguel Conde, Miguel Corral, Dalí González, Gabriela Guraieb, Olivia Lagunas, Constantino Morán, Carmen Ramos, Servando Ramos, Eugenio Rubio, Mahalat Sánchez.

Lunes y martes 20:00 Hrs.

Hasta el 21 de noviembre.

Teatro La Capilla. (Madrid 13, colonia del Carmen, Coyoacán)

 

*Actor, dramaturgo y director. Actualmente también se desempeña como dramaturgista en la compañía LaSilla Teatro.