¿De qué trata el Día Mundial del Teatro?

Por Johana Trujillo @jOtrujilloA

 

El Instituto Internacional del Teatro (ITI) fue creado por iniciativa del primer Director General de la UNESCO, Sir Julian Huxley, y del dramaturgo y novelista JB Priestly en 1948, justo después de la Segunda Guerra Mundial, y al comienzo de la Guerra Fría. En 1961, el ITI inició el Día Mundial del Teatro.

 

El Día Mundial del Teatro se celebra cada 27 de marzo, fecha de apertura de temporada del ”Teatro de las Naciones” en 1962, en París. Tiene como objetivos:

  • Promover el teatro en todas sus formas alrededor del mundo.
  • Crear conciencia sobre el valor del teatro
  • Promover el trabajo de la comunidad teatral a gran escala haciendo conscientes a gobiernos y líderes de opinión del valor e importancia del teatro.
  • Disfrutar el teatro en todas su formas
  • Compartir la alegría del teatro con los demás

 

Ese día la comunidad teatral del mundo y los centros ITI lo celebran con diversos eventos locales e internacionales. Uno de los eventos más importantes es la circulación del Mensaje del Día Mundial del Teatro. Cada año el ITI invita figuras de renombre internacional, comprometidas genuinamente con las artes escénicas, para compartir sus pensamientos sobre el teatro y la cultura de paz. El primer mensaje fue escrito por el dramaturgo francés Jean Cocteau en 1962. Este año tocó a Helen Mirren, actriz de teatro, cine y televisión.

 

Y a un año de haber mantenido cerrados los teatro por la pandemia COVID-19, nos preguntamos ¿qué significa llevar el teatro a las personas? ¿Significa educar a la audiencia? ¿O significa que la audiencia participe en una presentación? ¿cómo llevar el teatro a la gente y mantener ese espacio seguro para la salud de todos?

 

Ante el aislamiento y la vulnerabilidad en la que navegamos, hoy más que nunca, las historias pueden ser un puente entre nosotros. Y el teatro puede darnos una experiencia profundamente conmovedora que nos devuelva la confianza entre nosotros. Que estimule nuestra imaginación y así recuperar nuestra capacidad de sentir. Es a través de las historias que también aprendemos los unos de los otros.

 

Por eso agradezcamos a la pandemia que nos mostró el valor de las artes: cuidar de la mente y el alma de todas las personas del mundo. Ahora, nuestro desafío es que la mitad del mundo que no pudo parar de trabajar por la pandemia también conozca y despierte su interés por las artes y la cultura.

Ensayo: Los bufones del arte

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

Lentamente como creadora, espectadora y crítica asisto a la renuncia de lo que pudo haber sido el renacimiento del teatro mexicano. La generación de los ochenta ha comenzado a perpetuarse dentro de las listas de los favoritos del Sistema para comenzar un discurso muy parecido, por no decir igual, al de los maestros que se trató de derribar en años pasados. Los espacios emergentes que impulsaron el teatro comienzan a crear colegios para normativizar las producciones. Si no estás dentro, estás fuera. Y es que parece ser necesario estar dentro de un grupo para sobrevivir de aquello que se conoce como arte.

Silvestre Revueltas, músico mexicano, se pronunció en varias ocasiones contra el hambre del creador o artista:

¿Por qué un artista, un creador, ha de sufrir hambres y miserias? Aquí descansa entre nosotros, el secreto del fracaso de la cultura en México como pueblo. Somos un país de descamisados y zánganos. Se desprecia al músico, al pintor, al poeta, por considerarlos como bufónes de los burócratas… Pero es que se le hace bufones por la fuerza del hambre… Aunque muchos nos rebelemos, la rebeldía es la soledad; la soledad infecunda, el abandono, la miseria…

¿Por qué el artista rebelde debe ser condenado mientras el bufón del arte es recompensado con becas? No pretendo que se elimine a los bufones del arte, son éstos los que pelean con más rabia las migajas que da el Estado, pero sí quiero exponer que su ambición, su falta de criterio, sus ganas de unificar y hacer “comunidad” está dejando a un lado a los verdaderos artistas y sumiéndolos en la miseria. ¿Cómo es que esto sucede? En la selección de los temas que se producen o se ponen en cartelera. Las temáticas prosistema acaban con la individualidad del pensamiento y la capacidad de hablar de los verdaderos conflictos que enfrenta el homo sapiens en su día a día. Hemos nulificado la pregunta básica: ¿Quién soy? Para intercambiarla: ¿Cuál es el tema de moda?

Sin embargo, en los pasillos de los teatros se escucha la mediocridad de éste, es un secreto a voces que incita a culpar al espectador y preguntar: ¿Por qué la gente no asiste al teatro? A lo que ellos responden: Es porque a la gente no le gusta pensar… Empero, tendríamos que hacer una pausa, ¿es cierta esa respuesta? ¿A nadie, en verdad, a nadie le gusta pensar? Por qué no romper con el ego del artista y decir: La gente no va al teatro porque no le gusta lo que ve.

Existe un dicho: si nadie es responsable, todos somos responsables. En momentos de individualidad extrema, todos somos responsables de lo que sucede con el arte y sus creadores o médiums: críticos, fundaciones, dramaturgos, directores, productores, escenógrafos, actores… Que los bufones sirvan al arte y que no se sirvan de él, que sean los perros del arte, pero que no creen clubs privados del arte; que creen resortes que impulsen a los verdaderos hacedores del arte. ¿Cómo saber si lo que digo es cierto? Veamos los nombres que se integran a las listas de los becados, las carteleras, los estímulos…

Ensayo: En defensa del actor II

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

Comienzo este amparo desde el enojo y el hastío. Un actor no es una persona necesitada de aprobación o reconocimiento público. Un actor es una persona que está dispuesta a desentender a los infiernos más profundos en busca de una emoción, de un personaje, que aunque no es él, no deja de ser él. Es esta paradoja donde el actor puede perderse. Eso es lo que pienso mientras una persona poco relacionada con el arte de la actuación escupe en contra de los actores.

Se ha puesto de moda que hacer a un lado al actor debido al drama que existe al llevarlo, para llevar a no actores en la ficción. Quizá esta necesidad de personajes más frívolos responde a un épocas donde las emociones son consideradas de mal gusto. El actor nace de dos cuestionamientos ontológicos básicos para el ser humano: ¿Quién soy? Y ¿Adónde voy? Respuestas que al no tener una respuesta certera se evaden.
La actuación es un arte en donde los cuerpos y las psiquis de las personas se ponen en riesgo. A diferencia de otras artes, el objeto es el cuerpo del actor que busca exteriorizar lo oculto. Hace visible lo invisible: da emoción a un anima que sólo se encuentra en papel.

Para poder entender un poco más a detalle y sin profundizar, podríamos ver cómo a través de la historia de la actuación existen actores que han perdido la vida por no encontrar o poder diferenciar su vida personal con la del personaje. Es conocido el mito que rodea al personaje de The Joker y cómo pone en riesgo la vida de quienes lo interpretan. También están los actores que piensan en la actuación como un performance que divierte y no por ello dejan de ser los mejores. Marcello Mastroianni o Willem Dafoe…

Basta ya de decir que el actor es un animal amaestrado o “needed”, es un buscador de emociones dispuesto a defender a lo más profundo de sí mismo para dar luz a las emociones más ocultas. Lo más parecido con quien puedo asociar su arte es con el viaje del chaman. Atraviesa el mundo de los muertos para curar los males de los enfermos.

Porque no hay que olvidar que los orígenes del teatro son rituales y que los espectadores asistían a él con la necesidad de catarsis, de dar respuesta a la incertidumbre de la vida.

Un artista no es un tirano

Por Viridiana Nárud

Es absurdo querer perpetuar la idea de un artista tiránico, al cual se le deben mantener todos sus caprichos por su genio creativo. En un mundo en donde el hombre vs hombre acaba con el Planeta Tierra y su propia existencia, resulta imposible justificar el maltrato de los “creadores” a sus colaboradores por un momento de crisis artística.

¿Qué es el arte?

Para comenzar su búsqueda primero es necesario enunciar aquello que no es, ya que en la negación se encuentra la respuesta.

  1. 1. El arte no es un medio para maltratar a otro ser humano.
  2. 2. Tampoco es un medio de derroche económico en momento de crisis.
  3. 3. No sirve de nada si en su búsqueda de expresar el alma y condición humana, no se cuestiona el creador a sí mismo qué es el Ser humano.
  4. 4. No es un medio de expresión para déspotas tiránicos.
  5. 5. No es un medio para perpetuar un pensamiento.
  6. 6. El arte no es un escaparate para que un público vea al artista.
  7. 7. El arte no es una expresión vana de la condición y miseria humana.
  8. 8. El arte no expresa la realidad del hombre ni de la naturaleza.
  9. 9. El arte no es un estandarte revolucionario que en su búsqueda permita al hombre que busca el arte abrir brecha sin pensar en el otro.
  10. 10. El arte no justifica los medios.
  11. 11. El arte no busca humillar a las personas y atentar contra su dignidad.
  12. 12. El arte no puede ser expresada por una institución.
  13. 13. El arte no es ausencia de sentimientos.
  14. 14. Un artista no es un tirano.

Ensayo: el pueblo sabio

Por Viridiana Nárud

El sabio es capaz de ordenar o mandar porque puede encaminar o dirigir hacia un fin, sabiendo discernir entre el bien y el mal. Aunque estos conceptos pueden parecer absurdos en la actualidad, es necesario recordar que fue la promesa de hacer realidad la palabra ESPERANZA y la comanda de “el pueblo es sabio” lo que hizo ganar a un gobernante. Por lo tanto también es necesario cuestionar qué significa ser sabio y, el ser sabio, qué poder nos puede entregar como ciudadanos preocupados por la cultura. Cultura para el vocabulario popular se ha encontrado relacionado con el arte, sin embargo, ha sido un grupo de académicos el que ha decido cooptar la palabra para significar que Cultura es todo. Por lo tanto si todo es cultura nada lo es.

El sabio, según Tomás de Aquino es aquel que es capaz de contemplar la verdad y juzgar de otras verdades, así también le es propio impugnar la falsedad contraria. Entonces, para juzgar debemos conocer primeramente la verdad, que es intuida y a veces es saber inmediato. Es propio del sabio ordenar, por ello sería necesario que sean los hombres de cultura, pertenecientes al pueblo y conocedores de las necesidades de la comunidad, quienes puedan juzgar lo que es bueno para la cultura artística, porque recordemos que no existe sabiduría sin conocimiento. Así como los pueblos originarios tendrían que juzgar dentro de su comunidad los justo y sabio para ellos.

Cuando un gobierno y sus representantes ocupa el lenguaje para engañar a sus ciudadanos, utilizando un leguaje de poder carente de sustancia y verdad, es deber del pueblo escuchar lo que se dice y cuestionar la falsedad de sus premisas para ejercer su poder sobre el gobernante. Ya que su conocimiento le permite juzgar de manera honesta y sabia al gobernante. Si el pueblo es sabio dejemos que sea la misma comunidad artística que juzgue a sus compañeros y reestablezca el orden de verdad y necesidad poniendo fin al doble pensamiento prepondera en la actualidad.

Es cierto que el FONCA ha sido cobijo de artistas corruptos que han visto en este fondo una caja chica para sus caprichos, sin embargo, existen otros artistas que lo han utilizado para sobrevivir y crear obra o, como el caso de pintor Francisco Toledo, el cual utilizó el dinero para comprar libros para la Biblioteca del instituto Artes Gráficas de Oaxaca y también para crear becas para estudiantes oaxaqueños.

Que Jesusa Rodríguez una “artista” privilegiada que debe su carrera a las becas y el gobierno juzgue qué es bueno o sabio para una comunidad, no es justo y sí unilateral porque no representa a su comunidad y su conocimiento no es suficiente para hacer un aseveración como esa. Los subsidios en el arte no deben desaparecer, lo que debe desaparecer es el grupo de elite corrupto del arte, repito: es necesario y urgente la democratización del FONCA.

El arte y el poder se encuentran unidos a lo largo de la historia. No debería sorprendernos que un régimen como el actual trate de derrocar todo aquello que representa al régimen anterior, pero no olvidemos que este tipo de luchas lo único que hacen es afectar a la sociedad en su conjunto. Es la relación del arte con el individuo lo que permite el bien, y es el artista un medio de comunicación entre las personas de poder y el pueblo. El artista en sí no es poderoso, el poder radica en su discurso y en su capacidad de denuncia, de revelar al ser humano y volverlo individuo. ¿Es a esto lo que teme el gobierno actual, que los artistas denuncien la podredumbre de corrupción, la desigualdad, la pobreza, la falta de esperanza de un pueblo?

Si bien es cierto que ese bienestar del arte sobre el individuo no puede ser cuantificado como un producto de consumo, se ha demostrado a través de programas estatales que acercar el arte a las comunidades sirve para crear consciencia de la violencia y del individuo. El arte en una sociedad de consumo puede resultar completamente inútil, pero no olvidemos que es el espíritu del humano (homo sapiens) el que se beneficia. El arte es un bien en sí mismo y no un producto que beneficia al Estado.

Ensayo: ¿SE DEBE CELEBRAR EL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO?

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice?

¿Se puede celebrar el día mundial del teatro cuando los artistas que no se encuentran dentro del Sistema mueren de hambre? Si el artista trabaja en una obra personal es tachado de egoísta y flojo. No tiene derecho a solicitar una beca puesto que no trabaja para una comunidad de escasos recursos ni le enseña lo que debe pensar según el Sistema. Este tipo de pensamiento es el que promueve Avelina Lesper, Jesusa Rodríguez y otros que prefieren el silencio aunque éste dañe a su gremio como Mario Bellatin.

Esparcir la idea de que el artista al hacer su arte no trabaja, no sólo es mentira, olvida la historia del arte y cómo muchos de estas personas que ahora llaman flojos, dan su vida por su quehacer artístico. En México, en los 70, existió un pintor que nadie conoce: Gerardo Zaar. Murió en la miseria sin una beca ni fama. Es uno de los pintores más enigmáticos que he visto. Su obra no se ve en museos ni galerías. Cuelga en la pared de mi tía ya que intercambiaba sus cuadros por comida.

He visto actores jóvenes perder lentamente la razón porque un actor que no actúa muere en vida. Porque al no ser parte de un grupo selecto de amigos no les dan la oportunidad. ¿El Sistema ha corrompido el espíritu del arte? No. El Sistema no ha hecho nada que los mismos representantes no hayan querido. El Sistema no es un ente que se gobierne a sí mismo. Son personas quienes lo gobiernan y lo corrompen. ¿Por ello deben dejar de existir estos apoyos? No. Más bien deben de dejar sus puestos quienes lo han corrompido y no permitir que las mismas personas lo representen. Un jurado no puede permanecer años dictaminando el X Premio Joven de Dramaturgia. Pierde frescura y se vuelve canon.

El arte es la expresión de la cultura de un país. Al buscar erradicar su voz se aniquilan las voces de aquellos que no la tienen. El arte también en buenas manos puede hacer de un país un centro de encuentro de empresarios y turismo. El caso de Venezia tendría que ser un ejemplo. Un puerto que por la peste quedó sumergido en la miseria hasta que en 1932 gracias al Festival Internacional de Venecia se vuelve a estar en la mira para después convertirse en centro de encuentro del arte gracias a este festival y la Biennal de Arte.

Dejemos que el artista haga su arte. No pretendamos que sobre él recaigan políticas que el estado no puede atender. Dignificar el trabajo del artista tendría que ser la lucha de todo aquel compañero que ostenta el poder en el senado. Crear políticas que permitan la exposición y venta de la obra tendría que ser su deber. Encargarse de que las fundaciones privadas como la Fundación Slim compren y apoyen el arte en mexicano y no que compren las baratijas de artistas consagrados. ¿No sería mejor que en lugar de retirar el apoyo a fundaciones privadas que compran arte con los impuestos de los mexicanos, compraran arte a artistas mexicanos?

No se trata de hundir un bote porque sólo unos pocos pueden estar en él. Se trata de crear nuevos barcos en donde todos tengan derecho de subir. Democratizar el arte no es eliminar los apoyos porque unos cuantos corruptos mantengan el poder. Se trata de quitar a los corruptos que corrompen al arte. El trabajo de los artistas ya se encuentra en resistencia. Piensen en todos los egresados de arte en México anualmente y en las pocas ofertas culturales que tenemos. Piensen cuántos nombres se repiten en la cartelera. Equilibrar la balanza es el deber de quienes nos mantenemos en resistencia. No de hundirla.

LA CRÍTICA COMO ARTE

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

La figura del crítico de arte en la actualidad se encuentra un tanto desdibujada. A veces no logro comprender si son esos personajes saturnianos que se sientan en primera fila mientras afilan sus uñas y señalan los errores del artista o esos bonachones que son amigos de los artistas que aplauden todo su arte.

No acuso al crítico que su papel se encuentre desdibujado en un lugar en donde el Arte, con mayúsculas, también pierde fuerza y capacidad de cuestionarse a sí mismo. Pero sí señalo su incapacidad de cuestionar su propio oficio y el de los otros. Como dice el dicho popular: ¿Por qué señalas la pelusa en el ojo ajeno si no ves la pelusa que traes en tu ojo?

La crítica no sólo tendría que ser un ejercicio racional y emocional, también tendría que involucrar el ejercicio del lenguaje. Cuántas veces nos hemos leído una crítica en donde pareciera que sólo se llenan formularios para hablar de la obra: La magnífica, la imperdible, la grandiosa, la bellísima… ¿qué nos dicen como lectores estas palabras?

El uso de las palabras grandilocuentes señala un vacío en su contenido. ¿Por qué es bella, grandiosa, por qué el maestro…? ¿Por qué trasladar la sumisión teatral a la crítica? Si tú no has sido parte de un casting o un examen de admisión a una escuela teatral, te digo que piden completa sumisión por parte del alumno y actor. Cuestionar al maestro es un atentado que conlleva el rechazo de las instituciones. Cuestionar está prohibido. Críticos, cuestionemos a los “grandes maestros”. Nosotros no necesitamos ser parte de un Sistema, necesitamos cuestionar al Sistema para que el Arte no deje de ser cuestionado y muera.

Si el teatro parece muerto en la actualidad es porque también la capacidad crítica se ha perdido. Con esto no quiero decir que el crítico debe ser impulsado sólo por el odio, también por el amor. El oficio del crítico es también un arte, no una formula.
Para ello es necesario preguntar de nuevo ¿qué es el arte en la actualidad, el teatro, el oficio del actor? ¿Cuál es la función de la luz y su afectación en la psique del espectador? ¿Por qué es necesaria la escenografía o su ausencia? No buscar certezas ya que sólo se llegaría a la frustración, sin embargo, sí desarrollar una consciencia que permita el desarrollo de la verdad.

La esencia del arte encuentra su forma en el sujeto. Cuando se crítica al arte no se critica al sujeto. ¿Cuál es la forma que ese arte ha utilizado como medio de expresión? ¿Cuál es su función en la vida del espectador? Son unas de las preguntas que el crítico necesitaría hacerse.

Cito a T. S. Elliot: para ser crítico, “se necesita un conocimiento apasionado del arte y una aptitud para el análisis desapasionado”. Es probable que el Ego del artista poco acostumbrado a ser cuestionado se sienta incómodo ante una crítica poco favorable. Pero si sólo se crea un rechazo el diálogo se agota y el arte comienza a extinguirse. La función del crítico es vital para que el arte no muera.

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* Escritora por necesidad, teatrera por convicción. Ha trabajado como directora, dramaturga y productora teatral, ha presentado obras en foros alternativos como: El Trolebús Escénico, Foro Shakespeare, Pandeo, Lucerna… Muchas veces se ha preguntado el por qué habría de escribir. Llegó a una conclusión: la realidad no le es suficiente. Cree que el mundo exterior tiene que ser revelado a través de esclarecimiento de las ideas y por ello el ejercicio de la crítica es fundamental. Egresada de la Escuela de Escritores SOGEM.

**El texto publicado es responsabilidad de su autor.

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Teatro y poder

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

Si algo entendieron los griegos y la iglesia católica es que el teatro es una herramienta de poder para someter a masas. Los griegos, a través de las tragedias, demostraron a su pueblo el horror del Destino y cómo cualquier lucha contra él resulta vana. Los cristianos supieron adoctrinar, no sólo con la espada de dios, sino con la imagen de éste. La evolución del teatro ha dejado también un teatro dialectico que ha permitido que existan mesas de debate en torno a la obra para que el espectador se retire con un mensaje claro de lo que es la obra y qué debe pensar de ella. En un casting para un espacio existen jurados que te preguntan: ¿cuál es el mensaje? Sin embargo, ¿este tipo de discurso sigue vigente para una sociedad que no creen en nada?

La pregunta sería: ¿Por qué continuar con viejas dramaturgias si ellas se crearon para explicar o mantener el orden a una sociedad ya pasada? ¿Qué se gana en repetir infinitamente a los mismos autores? Chéjov, Ibsen, Shakespeare, Sócrates, Eurípides, Bertolt Berch… estos autores supieron denunciar el abuso del poder sobre una sociedad. Crearon nuevas formas de narrar y hacer teatro. ¿Por qué continuamos haciendo lo mismo? ¿Por qué la Verdad sólo puede ser expresada a través de esos cánones? ¿Qué la verdad con los años no es distinta?

Es necesario el aumento en el rigor de una nueva dramaturgia y no sólo aumentar ideas post dramáticas o performáticas a ésta. No sé si a cargo de jóvenes, pero sí a manos de personas que estén dispuestas a cuestionar lo que sucede en la actualidad en el teatro mexicano. Es cierto que existen dramaturgos que han roto con ciertas maneras de hacer teatro y han teorizado al respecto, pero después de un rato ya que ocupan un puesto dentro de la institución se vuelven holgazanes dispuestos a sentarse cobrar su sueldo y someter a sus alumnos a nuevos dogmas teatrales escritos por ellos. Los maestros de teatro están perdiendo la capacidad de cuestionarse a sí mismos ya que muchos prefieren la creación de un dogma teatral y fanáticos seguidores incapaces de cuestionarlos. También es cierto que existen jóvenes dramaturgos irreverentes llenos de energía que no están dispuestos a someter su dramaturgia a procesos de edición y tampoco del maestro. A veces, una mera ocurrencia no hace que el cambio sea verdadero.

La juventud nos permite ser irreverentes, el enojo nos impulsa a cambiar las cosas. Este es un llamado a los jóvenes, a la disciplina y a la expansión de la ideas. Cuestionar todo aquello que se nos presenta, no sólo el por qué también el cómo, los y nos obligar a crear nuevas brechas en el teatro. Nunca en individual, sino en comunidad. Es urgente abrir el diálogo y no sólo descalificar a otros con fríos argumentos que no tienen sustento. Si ha de descalificarse que no sea desde la soberbia.

El público demanda la creación de un nuevo teatro. Uno que le hable. No me refiero a ese teatro comercial que se conforma con un cartel de famosos –aunque sí sería necesario el cuestionar por qué las personas sí acuden a ese tipo de espectáculos de alto costo–. Hablo del teatro que se cuestiona el Ser. Porque si algo ha sido el teatro, además de poder, es el cuestionamiento constante del Ser. ¿Quiénes somos y a dónde vamos?

Ensayo: LENGUA MUERTA

Por Viridiana Nárud (@viridianaeunice)

George Orwell predijo que la política del lenguaje podría hacer perder su significado humano a la palabra, ya que ésta se somete a la bestialidad política y la mentira. Sin embargo, a pesar de esta advertencia, pareciera que en el teatro actual mexicano se ha politizado y por lo tanto su lenguaje ha quedado al servicio de mentiras y retóricas. Y no sólo a servicio de un arte politizado, esto ya de por sí triste, sino a servicio de artistas politizados que se empeñan en recrear formulas y mantener un reino de ingenuidad en donde no crezca más que su propio pensamiento. Que al ser tan limitado, corto de miras, castra a una generación.

El tema de los “43”, las desaparecidas en Juárez, en el estado de México, la Casa Blanca, son temas que se deben de tocar. Por supuesto que no debemos ser evasivos como artistas ante temas que afectan nuestra cotidianidad, el Ser propio y colectivo. Porque parte de la libertad es entender el proceso histórico que enfrentamos. Nuestros cuerpos, mentes contienen Historia que afecta nuestro acontecer diario. Sería absurdo no darle una voz, sin embargo, para que esta voz sea válida tiene que encontrar su propio lenguaje y no puede ser el mismo que se escucha en las noticias o el de nuestro políticos, porque estas palabras nos han mentido. Es algo que no tendríamos porqué olvidar.

Lo que en un principio, como la narratugia, fue un acto espontáneo se llenó de mecanismos fríos llenos de clichés y repeticiones sin sentido. Dice Raúl Zurita, poeta chileno que ha escrito sobre la dictadura de Pinochet, sobre lengua lo siguiente:

“Una lengua es un acto de amor, un acto de amor que nos sobrepasa infinitamente porque es la única resurrección […] que nos muestra el mundo, el sonido de la lengua que es el sonido de sus muertos, de todos los quienes la han hablado y cada palabra que decimos es coreada por los muertos que renacen en ella”.

Con esta reflexión acerca de la legua pienso que podemos ir más allá y no terminar una oración con “Dijo” y “Dije”, que son palabras constantes en la narraturgia mexicana. Como si el remate de una oración no tuviera más recovecos y la lengua no quisiera expandirse en la libertad. Las palabras se han vuelto ambiguas. Los escritores han perdido estilo para someterse a retóricas a favor de becas y compadrazgos. Han puesto el lenguaje en descomposición de una política y no de la poesía. Hemos dejado de ser humanos, de configurar el pensamiento para empezar a embrutecerlo. Un claro ejemplo es la obra “Bye bye Bird” en donde el español es lapidado y el inglés es sólo un balbuceo.

Sería mejor balbucear que decir palabras muertas. Al menos, en el balbuceo existiría desesperación por no saber pronunciar, una necesidad de pensar lo que queremos decir.

Hace algunos años Eduardo Milán, poeta uruguayo, me dijo que México enfrentaba su mejor momento para el teatro. En un principio dudé de sus palabras, empero, si vemos el número de premios y la industria que ha invertido en ellos, como teatreros deberíamos detenernos y pensar si no es un arma que nos invita a nuestro propio aniquilamiento y entregarnos a la masas. Sería necesario hacer una pausa antes de aventarnos al precipicio y seguir a todos los búfalos en su marcha suicida.

Nuestra lengua es la lengua de todos los muertos.

EL PÚBLICO NOS HA DADO LA ESPALDA

Por Viridiana Nárud @viridianaeunice

Me pregunto ¿qué necesitan como artistas escénicos para darse cuenta que el público ha dejado de asistir a sus obras porque tienen el corazón frío, el alma muerta? ¿Qué no se supone que son los “artistas” quienes deberían revelarles a los hombres su humanidad? Sin embargo, han sido ellos quienes han revelado su propia falta de humanidad.
 
Las palabras se han quedado vacías, en agónicos suspiros, tratan de decirnos que aún viven. Nos encontramos ante un detrimento del lenguaje en donde las groserías; las repeticiones; las metáforas fallidas; las palabras rimbombantes, sin sentido reinan nuestra dramaturgia. Han obligado a los actores a extraviarse en la falsedad, en textos vacíos en donde los espectadores no pueden entender el por qué está llorando, gritando… Los creadores escénicos han olvidado la empatía, el máximo sentimiento para los budistas.
 
El arte por el arte ha dejado como resultado el compadrazgo. Amigos otorgando premios a amigos porque escriben similar a ellos. Incluso, se les llega a dirigir las obras que el jurado y amigo premió. No es casualidad que el aumento de la narraturgia y su pobre vocabulario pulule las salas de nuestros teatros. Algunos creadores se han aislado en una fantasía en donde el “arte” que hacen es avalado por sus amigos, justificándose en un falso razonamiento en donde nadie los entiende por la elevación de su contenido.
 
Mientras se continúe en la necedad de alimentar las arcas individuales, responder a un tiempo inmediato, los “artistas” continuaran castrando al arte y seguirán aislados del público, que éste ya les ha dado la espalda. La tarea del artista nunca fue el de alcanzar la fama. Por el contrario, su tarea era que su obra llegara a ser arte. Pero en este tiempo de lo concreto, tenemos miedo de su abstracción, del terror y del amor que lo acompañan. Somos incapaces de imaginarnos como espíritus y almas que descienden con la intención de brindar luz a esta humanidad cada vez más desalmada.
 
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