Reseña: HAPPY

LA FELICIDAD COMO ESCUDO ANTE LA REALIDAD
Fredo Godínez (@AlfiePingtajo)


I
Una casa o apartamento adornado por piezas de arte contemporáneo son los elementos que puedo ver sobre el escenario. De pronto; entra a la casa un hombre que oscila entre los 40 y 45, empapado y con actitud tímida, gritando-preguntando: ¡¿Eduardo?! Ante el grito, aparece una mujer muy joven en toalla y exclama-pregunta: ¡¿Acaso eres un ladrón?! El individuo se queda helado, y la mujer le dice: ¡es broma! Enseguida el varón se presenta: soy Alfredo, el mejor amigo de Eduardo. Palabras más, palabras menos esa es la primera escena con la que comienza la puesta en escena: “Happy”.
Ese primer acto me hace pensar que estaré ante una obra donde el humor negro será el recurso discursivo al que recurrirá constantemente la obra, razón por la cual sé que me la pasaré muy bien.
So pretexto de que Alfredo (mejor amigo de Eduardo) y su esposa Melinda conozcan a Eva (su más reciente conquista), los ha invitado a cenar a casa, aparentemente ese es lev motiv de la obra. Sin embargo, conforme avanza la obra sabemos que hay otro motivo: descubrir por qué Alfredo es “jodidamente feliz”. A Eva le dan desconfianza las personas felices, pues le provocan la sensación de que algo esconden o de algo huyen. A Eduardo le interesa saber por qué su amigo es excesivamente feliz. Conforme avanza la reunión y a través de comentarios rudos, de actitudes que muestran total desinterés de Eva por la vida de los invitados y de bromas cargadas de humor negro; Eva busca hacer explotar a Alfredo y así comprobar su teoría: él no puede ser “jodidamente feliz”, simplemente se está escondiendo o huyendo de algo que lo está carcomiendo por dentro. Y ese descubrimiento le hará ponerle fin a una de sus obras: La Felicidad.

II
Conforme avanza la obra me voy clavando en la historia y es tanto mi interés que siento que estoy siguiendo de cerca a los personajes; al mismo tiempo me doy cuenta que no todo el público está listo para el humor negro, pues somos unos cuantos los que nos estamos riendo constantemente.
A lo largo de la obra me voy identificando con dos personajes: Eva y Alfredo. Eva es una mujer que vive combinando una absoluta tristeza y una monstruosa franqueza. El humor negro, la ironía y el sarcasmo son una especie de salvavidas que se ha inventado para convivir con el mundo y no morir ahogada en el mar de la soledad. Por otro lado, Alfredo es alguien que a todo le encuentra el lado positivo y que ha hecho como propias las alegrías de otros, y en el camino ha dejado a un lado sus sueños. De Eva me atrapa la forma en qué ve la vida, y otra parte de mí simpatiza con la forma de ser de Alfredo (curiosa ironía).
Han pasado poco de más de cinco años, desde que tuve mi crisis depresiva-ansiosa. A lo largo de los años he asistido a terapia psicológica y la vida me dio la oportunidad de venir a cumplir parte de mis sueños: vivir en la CDMX y trabajar en la Secretaría de Cultura. Sin embargo, no he logrado encontrar el completo equilibrio. No me he permitido ser “jodidamente feliz”, a pesar de tener muchos motivos para serlo y tampoco dejo de estar “excesivamente triste”. Unos días me paró en actitud Eva y es cuando tengo la creatividad a mayor flote; otros me siento como Alfredo, pero se esfuma mis ganas de escribir.

III
Desde que tengo memoria, siempre se me inculcó la idea de que estar triste es algo negativo. A eso le agregan el aún existe rol masculino: los hombres no deben llorar, porque eso los hace ver débiles. Un “auténtico” hombre no puede permitir que lo vean vulnerable. También, recuerdo, que se recordaba que llorar o sentirme mal por una decepción amorosa era malo y de poca monta; lo único por lo valdría la pena mostrarse triste es por reprobar una materia, perder el trabajo o la muerte de algún ser querido. En pocas palabras; mientras no hubiera un “verdadero” motivo para llorar, había que estar felices y sonrientes.
Conforme avanza los años, he aprendido que estar triste y vulnerable no te hace menos hombre y estar feliz tampoco te garantiza que el día a día será mejor.
Probablemente, la solución más sana es encontrar ese punto medio que nos permita convivir en sociedad, pues al final como decía Aristóteles somos politikos, animales sociales y necesitamos del otro para sobrevivir. Ya lo vimos el pasado 19-S. Pero, por otro lado, debemos tener la capacidad de ser nosotros mismos sin importar nada ni nadie y pelear, siempre, por nuestros sueños. Y cuando sea necesario darle cabida a la tristeza, al enojo, a la soledad, a la felicidad y reconocernos dentro de cada de uno de esos estados emocionales.
Y sí, discúlpeme Doña Celia Cruz, eso de que la vida es un carnaval es un discurso propio de Disney. La vida es un lugar de claroscuros y el humano es ese héroe -estudiado por Propp- que sale de casa en búsqueda de una doncella o de alguna u otra tarea y que en el camino recibirá todo tipo de lecciones; al final regresará a casa triunfante o no, pero con un nuevo aprendizaje que lo convierten en alguien distinto al que salió por primera vez de casa.

IV
Vaya a ver “Happy”, querido lector y descubra cómo prefiere vivir: siendo “jodidamente feliz” o existiendo, a pesar de todo, pero auténtico, original y sin darle importancia al “qué dirán”

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“Happy”
Dramaturgia: Robert Caisley.
Dirección: Angélica Rogel.
Elenco: Pablo Perroni, Yuriria Del Valle, Pablo Bracho, *Ana González Bello y *María Penella. (*Alternando funciones).
Teatro Milán: Lucerna 64, Col. Juárez, Del. Cuauhtémoc
Lunes 8:30 PM, hasta el 1 de enero de 2018.

WENSES Y LALA

¿QUÉ ES EL AMOR?

“Con esperanza y confianza”
Andrei Tarkovski

Por Viridiana Nárud @viridianaeunice

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Un teatro pequeño es habitado por dos fuerzas escénicas. Teté Espinoza y Adrián Vázquez son dos jóvenes actores que gracias a su vasta trayectoria son capaces de ocupar éste espacio no sólo con gran técnica, sino también, con gran talento. “Wenses y Lala” es una obra de amor, donde los muertos cobran vida a través de sus recuerdos. Los cuales, no siempre son gratos.

Así que tenemos a dos personajes que desde un inicio se declaran muertos y no quieren sorprender al espectador con un giro en la historia. A través de sus memorias narran el amor que se tuvieron en vida, y, la nostalgia después de que la muerte los separara. Por lo tanto tenemos a la palabra como un referente temporal de la experiencia y no al cuerpo del intérprete como generador de imágenes en la psique del espectador, ya que la mayor parte del tiempo los actores se mantienen sentados en un banco de madera.

En un principio, debo confesar, uno se pregunta adónde va la historia, sin embargo, esos cabos sueltos se van entrelazando y formando una emoción dentro del espectador, que gracias a la palabra, que como hechizo conjura la mente del público; la iluminación y trazos escénicos específicos y sencillos, generan distintos escenarios. Los cuales fueron habitados por los personajes en vida y después de su muerte. Creando una atmósfera onírica donde Wenses y Lala son inmortales, no sólo por la concepción judeocristiana, —vida después de la muerte—también porque se vuelven una metáfora viva.

“Wenses y Lala”, nos hacen volver al origen y cuestionarnos ¿qué es el amor? No con una reflexión didáctica, que exhiba al público y sus males; sino a través de la compresión y cuestionamientos del autor acerca de este sentimiento llevándolo a escena. La palabra, en cuanto revela el símbolo muestra una relación con lo sagrado, nos hace comprender nuestra situación como sujetos amorosos. Sin duda, es un texto esperanzador que nos hace recordar que no es sólo el odio nuestro sentimiento más primitivo, sino también el amor.

Las interpretaciones de estos dos actores muestran la esperanza y confianza que el amor y sus adversidades puede crear. Tarkovski dice que “el actor es su propia obra de arte”, así que dejemos que estos dos seres nos sumerjan en sus identidades y búsquedas artísticas que son conmovedoras.

Wenses y Lala
Dirección y dramaturgia: Adrián Vázquez.
Intérpretes: Teté Espinoza y Adrián Vázquez.
Teatro La Capilla
Madrid 13, Del Carmen Coyoacán.
$250 general
Sábado 7pm y domingo 6pm
Del 1 al 17 de diciembre

Reseña: LA ESPERA

LA COMPAÑÍA DE TEATRO PENITENCIARIO ASOMBRA
Por Viridiana Nárud @viridianaeunice*

Últimamente, antes de ir al teatro pienso cuánto dinero voy a gastar y si ese gasto va a ser retribuido en una sensación de satisfacción o enojo. No siempre fue así. Asistía a todo tipo de invitación porque creía que algo iba a pasar, pasó. El desencanto fue el principal protagonista. En esta ocasión, en un post de Facebook vi que Conchi León iba a presentar una obra en el Foro Shakespeare. Hacía unos meses me habían dicho que era una de las mejores directoras de México y tenía ganas de conocer su trabajo.

“La Espera” es el resultado de un laboratorio escénico con la Compañía de Teatro Penitenciario. Estaría encerrada en un minúsculo espacio con exconvictos de verdad. No actores representando ese papel; no, frente a personas que han cometido crímenes y que han sido juzgados por ellos. Escucharía sus historias entremezcladas con ficción y también de gran dolor. El prejuicio podría resultar en estorbo.

Conchi León permite que a través de un fino melodrama se narren cinco historias de cinco hombres golpeados por una sociedad y que han sido abandonados en el desamparo. Hemos visto noticias y sabemos de las torturas a las que son sometidos los presos. No sólo basta con aislarlos y humillarlos de forma física, también se trata de degradar el espíritu del hombre. ¿Pueden estos reos después de ser humillados como individuos resarcirse y unirse a la sociedad? ¿Qué no son las cárceles conocidas como las Universidades del crimen? ¿Existen sentimientos en un hombre que mató a otro? Las respuestas estaban en juego ya que el teatro es una expresión del espíritu humano y un asomo a sus verdaderos sentimientos.

“La Espera” resultó ser un asombro. Hombres dispuestos a entregar lo mejor de sí en escena a pesar de saber que la sociedad no les ha dado lo mejor. Espíritus no cristalinos, sino trastocados por la vida. Porque no hay nada que corrompa y eleve más al ser humano como la existencia. Con un nudo en la garganta me quedé. Todos y cada uno de los espectadores aquel día nos encontrábamos incrédulos ante lo que había sucedió frente a nosotros. Honestidad pura. No se asuste querido lector, no sólo llorará al ver esta obra, también reirá. Su corazón transitará por distintas emociones de una forma tan sutil que su intelecto se apagará por un instante, permitiéndose la máxima libertad de sentir.

LA ESPERA
Dramaturgia y dirección: Conchi León.
Interpreta: Compañía de Teatro Penitenciario
Funciones: Lunes, martes y jueves 8:30pm hasta el 29 de marzo de 2018.
Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa)
Costo $250

* Escritora por necesidad, teatrera por convicción. Ha trabajado como directora, dramaturga y productora teatral, ha presentado obras en foros alternativos como: El Trolebús Escénico, Foro Shakespeare, Pandeo, Lucerna… Muchas veces se ha preguntado el por qué habría de escribir. Llegó a una conclusión: la realidad no le es suficiente. Cree que el mundo exterior tiene que ser revelado a través de esclarecimiento de las ideas y por ello el ejercicio de la crítica es fundamental. Egresada de la Escuela de Escritores SOGEM.

**El texto publicado es responsabilidad de su autor.
DISTRITO TEATRAL es el amigo que te recomienda qué ir a ver de la cartelera teatral no comercial en la Ciudad de México. Creemos en el poder de la cultura para transformarnos al dar sentido a lo que vemos. #Amamoslacultura y #vamosalteatro a descubrir qué vale la pena ir a ver, compartir, recomendar y conversar de elllo. También entrevistamos a figuras clave de la escena en la Ciudad de México.

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LO QUE QUEDA DE NOSOTROS

Y ¿QUÉ ES LO QUE QUEDA DE TI?
Fredo Godínez (@AlfiePingtajo)

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¿Vale la pena vivir cuando todo aquello que amamos nos es arrebatado? ¿Tiene algún sentido encariñarse o enamorarse de otra persona, sabiendo que algún día morirá y uno experimentará esa sensación de abandono, de vacío? ¿Cómo se vive cuando te descubres solo y frágil? ¿Cómo y dónde se puede uno refugiar y reconstruir si aquellas personas que podrían apoyarnos han muerto?; éstas son algunas de las preguntas que me han invadido la calma después de ver Lo que queda de nosotros, obra escrita al alimón por Sara Pinet y Alejandro Ricaño.

“Lo que queda de nosotros” narra la serie de peripecias y los sentimientos que Nata librará y descubrirá –respectivamente– al lado de su perro Toto. Aparentemente, es una historia llena de lugares comunes, cotidianos; pero gracias a ciertas acciones precisas se transformarán en auténticos poemas vivientes que calarán nuestro ser, invitándonos a rompernos y así confrontarnos con esa fragilidad que nos constituye, pero que ocultamos por miedo a reconocernos débiles.

“Lo que queda de nosotros” es una historia que invita a reconocer nuestros vacíos, al mismo tiempo que incita a valorar el camino, ése que solemos llamar vida, a reconocernos en éste y a apreciar a aquellos que marchan a nuestro lado con la fidelidad con la cual Sancho viajó al lado del Quijote. Al menos, esa impresión me dejo a mí. Empero, al ser una historia que fue configurada a partir de experiencias personales de los dramaturgos, especialmente de Sara Pinet; Lo que queda de nosotros es una obra completamente subjetiva y a cada espectador le ofrecerá una experiencia distinta, pues no todos reaccionamos igual ante la sensación de vacío.

En mi caso, a lo largo de la obra, recordé la ausencia de tres seres queridos y mis ganas de estar como ausente en este mundo; y también pensé que hace 2 años una perra llamada Nala me invitó a seguir caminando. Entonces recobré la sonrisa al finalizar la obra. Pero esa es mi fragilidad, ¿cuál es la de ustedes?
¿Qué es lo que queda de ustedes?
Vayan y atrévanse a responder dichas preguntas a través de la obra.
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Desde que comencé a ver Teatro, Sara Pinet ha sido una de las actrices que me han maravillado por la naturalidad con la que actúa y por la capacidad que tiene para reinventarse en cada uno de los personajes a los que les ha dado vida. Un talento que conjugado con el amplio talento de Raúl Villegas, entregan al espectador una obra que les facilitará adentrarse en la historia y caminar junto con los personajes.
La obra ha sido editada por Pasodegato, dentro de su colección Cuadernos de Dramaturgia para Joven Público; valdría la pena que la buscarán en las librerías, pues la lectura les ofrecerá otro tipo de viaje introspectivo.
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Lo que queda de nosotros
De Sara Pinet y Alejandro Ricaño.
Dirección: Alejandro Ricaño
Con: Sara Pinet y Raúl Villegas
Lunes 8:30 pm
Hasta el 11 de diciembre 2017
Centro Cultural Helénico
Av. Revolución 1500
Metro Barranca del Muerto. Boletos en Ticketmaster.

Foto: Fredo Godínez

*Fredo Godínez es aprendiz de poeta, fotógrafo frustrado, adicto a la Coca-Cola y futbolista en FIFA para Xbox. Ha reseñado libros para periódicos poblanos y portales electrónicos como Sexenio-Puebla y Revista 360°, instrucciones para vivir en Puebla. Gestor cultural desde el 2007. Actualmente trabaja un texto dramatúrgico con la esperanza de algún publicarlo y montarlo. Habitante de la región más transparente, desde octubre de 2014 y desde entonces se ha vuelto un asiduo asistente al Teatro. En sus tiempos libres intenta conciliar el sueño.

SUCIA Y MUY CHINGONA HISTORIA DE AMOR

DE DISNEY A LO CHINGÓN DEL AMOR

Por Johana Trujillo Argüelles*

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BLA BLA Producciones y su equipo de jóvenes creativos conformado por Aída del Río, Manuel Calderón, la reconocida actriz y dramaturga Ana González Bello, Aldo Escalante e Iván Sotelo se han aventurado a ser directores, productores y actores de su propuesta escénica: “Sucia y Muy Chingona Historia de Amor”, adaptada y escrita por Ana y Manuel y dirigida por Aída y Manuel.

La historia es muy simple: Mónica ha terminado una relación y ha decidido ver películas y comer palomitas para curarse la decepción amorosa en la que la vida la puso. Ricardo, es un chico que le gusta jugar videojuegos y no ha tenido mucha suerte en el amor. En un antro, uno mira a la chica de sus sueños mientras la otra no desea ser mirada. Los shots de tequila y Brandy los van llevando a encontrarse, desencontrarse y descubrir que pueden ser el uno para el otro. Lo divertido de “Sucia y Muy Chingona Historia de Amor”, con la que puedes identificarte, es el viaje que te lleva a encontrarte con el amor.

Con un par de baúles que contienen elementos de utilería que van usando a lo largo de la historia, se complementa con la iluminación de Isaac Weisselberg e Iván Sotelo. La dirección escénica de Aída del Río y Manuel Calderón es limpia en su trazo, logrando un ritmo y tono que acentúan el humor de esta comedia adaptada de Dirty Great Love Story de Katie Bonna y Richard Marsh. La música juega un papel importante en generar los distintos ambientes de la historia, desde el antro hasta los estados de ánimo de cada personaje. Además, Ana Gonzáles Bello y Manuel Calderón (quien alterna con Aldo Escalante) interpretan también al exnovio mirrey o a la amiga fresa y al amigo norteño que buscarán hacerle de cupido entre Mónica y Ricardo, entre otros situaciones que aderezan esta comedia.

Hay una generación de treintañeros a quienes Disney les vendió la idea del príncipe azul y el vivieron felices para siempre. En pleno 2015, donde los jóvenes están tomando consciencia del mundo en el que viven y las consecuencias de sus decisiones, “Sucia y Muy Chingona Historia de Amor” le hablan a toda una generación que le tiene pavor a crecer, madurar y tratar de encontrar el amor en sus propios términos para elegir a la persona con la que crear una imperfecta pero chingona historia de amor. Como dice la sinopsis, si los años de tratar de cambiar nuestra vida amorosa para que se acerque a esos ideales nos han dejado con más miedo al amor que al coco… ¿por qué no cambiar los cuentos y acercarlos a nosotros? “Somos caóticos y siempre la cagamos” por qué no ir al teatro a burlarnos de nosotros mismos y nuestras incapacidades emocionales para confrontar la realidad. Quien sabe, quizá la persona sentada en la butaca de a lado termine siendo la persona con la que se inicie esa historia.

SUCIA Y CHINGONA HISTORIA DE AMOR
Dramaturgia: Ana González Bello y Manuel Calderón
Dirección: Aida del río y Manuel Calderón.
Adaptada de Dirty Great Love Story de Katie Bonna y Richard Marsh,
Con: Ana González Bello y Aldo Escalante
La Teatrería
Tabasco No. 152, Col. Roma
Hasta el 29 de noviembre
Miércoles 20:30 hrs
Desde $350

* Diseñadora gráfica, egresada en 2007, con experiencia en difusión teatral. De 2009 a 2011 fue responsable de la difusión de las actividades de la Compañía Los Endebles A.C. y el Teatro La Capilla. De manera independiente ha realizado la comunicación y prensa de más de 15 puestas en escena. En junio-octubre 2012 fue asistente de difusión en La Matatena A.C. para el 17º Festival Internacional de Cine para Niños. En 2012 fundó Distrito Teatral.

EL PRÍNCIPE YNOCENTE

TEATRO EN EL TEATRO
Por Óscar Alberto Fontana* (@fontanaoscar)

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El príncipe Alexandro ha sido desterrado y pide ayuda al duque de Cleves para recuperar su reino. La historia cuenta como éste se ve envuelto en amoríos con las hijas del duque, al mismo tiempo que urde una venganza para recuperar su trono. Esta obra es a su vez representada por un par de presidiarios que toman como público al celador de la prisión donde purgan injustamente una condena.

El montaje dirigido por Allan Flores y los mismos Fernando Memije y Fernando Villa (también actores de la obra) es efectiva de inicio a fin. Logra un plausible vínculo con el público y de esta manera derriba la muralla que pudiera existir entre el espectador y el texto. La dirección propone diversas tareas escénicas y ello permite que la obra progrese. Las piezas musicales, en particular la del inicio, coadyuvan a construir el ambiente y tono de la obra. La escenografía, por su parte, resulta eficaz por la manera que es aprovechada y manejada.

El trabajo de Villa y Memije resulta incuestionable. Es evidente el dominio de la forma y la precisión con la que han construido cada uno de los personajes. La veracidad de su trabajo privilegia la conexión con el público y lo convierte en un punto a su favor. La manera en que recrean distintos ambientes permite que el espectador entre en la convención y finalmente se instale en la propuesta lúdica. Sin embargo y a pesar de que el manejo del verso es bueno, sólo en algunas ocasiones falla la dicción. Mas esto no genera mayor problema, ya que con la pericia que trabajan logran que el espectador esté atento a la historia.

“El príncipe ynocente” ofrece al público una propuesta atractiva para disfrutar de la obra de uno de los autores más importantes del siglo de oro español. Desafía la “complejidad” del verso y lo desintelectualiza para hacerlo más asequible al público, pero sin eliminar la gran beldad que lo caracteriza. El sincretismo de todos los elementos, hacen que el montaje adquiera un carácter y una estética muy particular.

La compañía EFE TRES teatro lleva a escena una vez más este clásico de Lope de Vega que próximamente viajará a España para presentarse en un importante festival de teatro. Mientras eso sucede, se presentan en el teatro el granero del Centro Cultural del Bosque en una muy breve temporada.

EL PRINIPE YNOCENTE
Autor: Lope de Vega
Dirección: Allan Flores, Fernando Villa y Fernando Memije.
Elenco: Fernando Villa y Fernando Memije.
Teatro Sergio Magaña (Sor Juana Inés de la Cruz, 114)
Miércoles y jueves 20:00hrs
Hasta el 7 de diciembre 2017
Entrada general $141.-

*Actor, dramaturgo, teatrista.

Crítica: LA DIVINA ILUSIÓN

“Y LA FICCIÓN BOYANTE”

Por Óscar Alberto Fontana * (@fontanaoscar)

No es la primera vez que el director Boris Schoemann elige un texto del canadiense Michel Marc Bouchard, ya lo había hecho en el 2014 con “Tom en la granja”, y un año después con “Bajo la mirada de las moscas”, presentada en el teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque. Este año dirige otro de sus textos, bajo el cobijo de la compañía Petit Comité, a quienes debemos recientemente, por cierto, el muy afortunado montaje “El juego de la silla” de la argentina Ana Katz.

 

Para quienes conocen los dos textos de Bouchard a los que hice referencia al inicio, quizá coincidan en que ambos comparten un tono denso, pesado, y quizá, hasta un poco negro. Pues en esta ocasión, la historia es distinta. Se trata de un texto jocoso, que gira en torno a la visita de la actriz Sarah Bernhardt a Canadá en 1905. El texto que se vale inteligentemente de una anécdota por demás fecunda, donde a partir de declaraciones polémicas que hace Bernhardt acerca del rezago cultural del país, propicia un beligerante conflicto entre la iglesia y el teatro; conflicto que ya se antoja turbulento desde que se lee en la sinopsis del programa de mano.

 

Lo que sigue es la consecuencia de un texto sumamente entretenido. La dirección del Schoemann hace que las horas se diluyan por el magistral dominio del tempo y ritmo de la obra, es decir, no hay oportunidad de fugarse, lo que sucede en escena es urgente, y entonces, el celular y los bostezos deben esperar. Y destaco esto porque, por lo menos en estos tiempos, la gente que hace teatro se está rindiendo ante la indolencia del espectador frente a un montaje de más de noventa minutos.

 

Retomando el sentido, es necesario mencionar que, además de los elementos de tempo/ritmo en el montaje, es necesario destacar el magnífico trabajo de vestuario y escenografía; gracias a esto y a la diestra manera en que se resuelven los espacios, se logra recrear perfectamente el ambiente en el que se desarrolla cada escena. Todo esto confluye en un bellísimo cuadro escénico. El cuidado de todos y cada uno de estos elementos coadyuvan, finalmente, a la gran sofisticación de la puesta en escena.

 

Aunque el trabajo de los actores no es malo, sí es irregular. Sobre todo, apuntaría la búsqueda de unidad tonal, sin embargo, esto no es un problema grave. Creo que, hasta cierto punto, es algo normal; no es sencillo trabajar con once actores en escena. Y a propósito de lo anterior: este es un montaje de rostros conocidos, de certezas, pero también de vicios y de comodidades, claro, a cada quién lo que le toca. Este negocio es así: somos falibles como actores, pero el director posee una facultad privilegiada en el montaje: tiene la sensibilidad para percibir cualquier falla o inconsistencia en la escena, además de un panorama mucho más extenso de lo que sucede al frente, con sus actores, con su ficción, con su micro(macro)cosmos escénico, y en él debemos confiar.

 

Aquí está una prueba, aquí está el bozal. Tenemos un montaje entretenido, bello, atractivo y necesario. Tiene las características, sí, para estar en el teatro Insurgentes, pero llena Teatro La Capilla. También dura más de noventa minutos, pero definitivamente cada segundo vale la pena.

 

“LA DIVINA ILUSIÓN”

Dramaturgia: Michael Marc Bouchard.

Dirección: Boris Schoemann.

Con: Pilar Boliver, Miguel Conde, Miguel Corral, Dalí González, Gabriela Guraieb, Olivia Lagunas, Constantino Morán, Carmen Ramos, Servando Ramos, Eugenio Rubio, Mahalat Sánchez.

Lunes y martes 20:00 Hrs.

18 y 19 de diciembre 2017

Teatro La Capilla. (Madrid 13, colonia del Carmen, Coyoacán)

 

*Actor, dramaturgo y director. Actualmente también se desempeña como dramaturgista en la compañía LaSilla Teatro.

Reseña: MALPAÍS

REVOLUCIONAR LAS ALMAS HUMANAS
Por Viridiana Nárud @viridianaeunice

¿Son necesarias las palabras muertas de poetas muertos para resucitar a este país? Definitivamente no porque estas palabras nunca estuvieron vivas. “Malpaís” es una obra que se desarrolló a través de trabajos de David Olguin, los actores y fragmentos de poemas de José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, Ramón López Velarde, Octavio Paz, ellos fueron los protagonistas.

En una especie de fiesta, de caos, de violencia, gritos y dolor extremos, se invita al espectador a tomar consciencia de lo que sucede en nuestro país. Mientras veía las dramáticas interpretaciones de estos jóvenes, la frase que vino a mi mente fue: La esperanza es un terrible mal porque nos hace creer que algo bueno puede pasar. A pesar de mostrarse críticos ante su propio quehacer teatral y de su inutilidad, creían en una nación, en ellos.

Confieso que, aunque nunca he tenido a David Olguin como maestro, para mí lo ha sido. Es un referente en la dramaturgia y dirección mexicana y un gran pensador. Pero me pregunto: ¿qué pasó aquí? Noto que con mayor frecuencia las palabras en el arte toman fuerza, sin embargo, cada vez menos gente lee. Hay una necesidad de enunciar lo que sucede, mas no basta con eso, falta la poesía porque las ideas son incapaces de revolucionar las almas de los hombres si no vienen acompañadas de sentimientos.

La ideas carentes de emoción son protagonistas de las artes. Para aclarar a lo que me refiero les cuento que hace unos días fui a una exposición llamada Fábulas sin moraleja. El desbordamiento de la corrupción en México en Casa del Lago, los recortes de periódicos y sus encabezados en donde se exponía la violencia extrema de nuestro país fueron los actores principales. Decepcionante. Nadie permaneció en la sala por mucho tiempo. Veían más de reojo que concentrados. Algo parecido me sucedió al ver “Malpaís”, a pesar de que leyeron los encabezados de las notas más relevantes en los últimos seis años, nada pasó. Sus poemas y sus palabras se encontraban muertas. ¿Qué no se trataba de revivir a los muertos?

Eduardo Millán, poeta uruguayo explica que en América Latina los temas siempre son: el hambre, la discriminación, la intolerancia, la represión, los modelos imposibles de crecimientos, los niños dejados a su destino y una empecinada, central, ineludible necesidad de esperanza. No hay demasiada búsqueda, necesidad de búsqueda de la palabra original como fundamento de purificación del lenguaje poético. “Malpaís” es un camino de vuelta, la palabra inmediata. El decir “Patria herida” no es –cito nuevamente al autor– no es un coraje libertario: es un simple juego de metátesis, un intercambio de letras en comercio. Sería necesario regresar a un estado de escucha, que es el de alerta. La palabra inmediata nunca tiene raíces y por ello siempre está condenada a la muerte.

MALPAÍS
Dramaturgia y dirección: David Olguín
Elenco: Nick Angiuly, Tony Corrales, Sofía Gabriel, Efrén García Aguilar, Amelia Holguín, Miguel Jiménez, Patricia Loranca, Jaklyn Michelle, Dano Ramírez, Alejandro Romero, Viridiana Tovar, Eduardo Treviño, Lorena Valdés, e Iván Zambrano Chacón.
Duración: 2:20 hrs
Lunes, Jueves y Viernes 20:30 hrs.
Sábados 13:00 y 19:00 hrs.
Domingos 13:00 y 18:00 hrs.
Del 19 al 30 de octubre de 2017.
Teatro El Milagro (Calle Milán 24, Col. Juárez)
Foto: José Jorge Carreón

* Escritora por necesidad, teatrera por convicción. Ha trabajado como directora, dramaturga y productora teatral, ha presentado obras en foros alternativos como: El Trolebús Escénico, Foro Shakespeare, Pandeo, Lucerna… Muchas veces se ha preguntado el por qué habría de escribir. Llegó a una conclusión: la realidad no le es suficiente. Cree que el mundo exterior tiene que ser revelado a través de esclarecimiento de las ideas y por ello el ejercicio de la crítica es fundamental. Egresada de la Escuela de Escritores SOGEM.

**El texto publicado es responsabilidad de su autor.
DISTRITO TEATRAL es el amigo que te recomienda qué ir a ver de la cartelera teatral no comercial en la Ciudad de México. Creemos en el poder de la cultura para transformarnos al dar sentido a lo que vemos. #Amamoslacultura y #vamosalteatro a descubrir qué vale la pena ir a ver, compartir, recomendar y conversar de elllo. También entrevistamos a figuras clave de la escena en la Ciudad de México.

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Crítica: LAS TOUZA

¿CÓMO SOBREVIVIR A LA PROPIA DIRECCIÓN Y NO MORIR EN EL INTENTO?

Por Óscar Alberto Fontana* (@fontanaoscar)

En el foro “La Gruta” del Centro Cultural Helénico ha aterrizado un montaje que, en su currículo, enlista el espacio urgente uno del Foro Shakespeare, el Traspatio Escénico, la sinagoga “Justo Sierra” y el Centro Gallego. El interés por dar a conocer la historia de las hermanas Touza ha hecho que la puesta en escena haya recorrido varios espacios con el objetivo de enarbolar la labor de estas mujeres que, en 1941, ayudaron a más de quinientos judíos a escapar de la persecución nazi.

Y aunque la anécdota pudiera ser considerada, por muchos, jugosa; la ejecución y dirección resulta errátil, confusa y fullera. Es decir, quienes nos dedicamos al teatro, entendemos que la ficción es un acuerdo que pactan actor y espectador. En consecuencia, la ficción se construye mediante una serie de acciones que el actor va ejecutando en escena, y que lo envuelven en un halo independiente al espectador, pero que al mismo tiempo lo incluyen y hacen que éste entre en convención – en el mejor de los casos.

Uno de los problemas más grandes de Las Touza radica en llevar al público a la escena, y pretender que este sea un ente interactivo. La pregunta aquí es: ¿Cómo puede el espectador entrar en la convención propuesta por la directora si no tiene las herramientas para hacerlo? El actor está educado para recabar información de los personajes que interpretará, para generar atmósferas, recrear ambientes, entrar en el acuerdo y no romperlo: ese es su trabajo, para eso ha estudiado. El papel del espectador es ser receptor, no una herramienta de la cual el actor puede echar mano para “esponjar” la escena. Escribo esto no porque crea que el espectador debe permanecer impertérrito en la butaca, sino porque el riesgo que corre la ficción es muy grande, y la dirección puede ir en detrimento del montaje.

Y es que esta acción, aparentemente, “inocente” y bienintencionada logra que toda la propuesta dramatúrgica, de convención y construcción de la atmósfera no prospere. Como resultado, se tienen dos dimensiones totalmente divergentes en escena. En una se encuentran las tres hermanas; en la otra, los espectadores que hacen las veces de judíos. Sin embargo, este último elemento rompe la ficción, ya que la consciencia del público no es estar participando de la ficción, sino de ser un espectador al que se le ha pedido que, en vez de ocupar una butaca, acompañe a las actrices en el escenario. El efecto que genera es contradictorio y caótico, ya que por una parte las actrices construyen la ficción, mientras que los espectadores la derriban. Pero no se trata de poner al espectador como “el malo del cuento”, al contrario. Ellos simplemente han sido llevados allí como elemento de soporte, únicamente. No es su responsabilidad si la propuesta, finalmente, no progresa.

Otro de las partes que no aportan a la puesta en escena es cocinar – con ayuda del público- los tradicionales melindres gallegos. Si la acción en escena no es imprescindible para la progresión del montaje, seguramente terminará desviando la atención del público. Esto es conveniente si el objetivo de dirección es ese, pero si no es así, resultaría penoso que el director estuviera jugando en contra de su montaje. Esto me conduce a dos preguntas más: ¿Dónde quiere el director que se focalice la atención de su espectador? O mejor aún: ¿De qué es de lo que quiere que salga hablando el público?

Finalmente, el trabajo de Adriana Focke, Alejandra Marín y Abril Pinedo resulta inverosímil en cuanto a la dimensión de lo que se pudiera distinguir como conflicto en el texto. Resulta absurdo que los personajes reaccionen con parsimonia ante una serie de eventos – no de menor relevancia – acontecidos en la segunda guerra mundial. Uno de los elementos más importantes en el trabajo de un actor es, precisamente, la verosimilitud con la que reacciona ante el estímulo de la ficción; esto dependerá, obviamente, de la dimensión de las circunstancias que está viviendo. Quiero decir, los personajes no reaccionarían de la misma manera si estuvieran en medio de una guerra, a que si estuvieran en un parque de diversiones en nuestra época. Es esto lo que completa el cuadro para que la convención no termine de edificarse: por una parte, el público en escena que nada tiene que hacer; y por otra, los personajes que no reaccionan de manera verosímil a la dimensión del conflicto.

Las Touza es una puesta en escena con claras pretensiones. Navega con el interés de mostrar a su público la labor filantrópica de estas tres hermanas. Sin embargo, pareciera que todo el tiempo se está tropezando con la propuesta de dirección. Es muy parecido a la sensación que causa ver a un atleta que en su carrera, tiene que ir derribando escollos para poder llegar finalmente a la meta. De la misma manera, en este montaje, el público tiene que ser lo bastante hábil para esquivar los distractores en escena y poder, finalmente, establecer un vínculo con la anécdota; siempre con el riesgo que, si cede ante la distracción, habrá perdido la batalla.

LAS TOUZA
Dramaturgia: Alfonso Cárcamo.
Dirección: Carla Soto.
Con: Adriana Focke, Abril Pinedo (alternando con Isabel Bazán), Alejandra Marín.
Foro “La Gruta”del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn)
Viernes 20:30Hrs.
Hasta 24 de noviembre.

Reseña: EN LA RUINA DE LOS NÁUFRAGOS

O UN VISTAZO A LOS RESTOS QUE ME SIGNIFICAN
Por Fredo Godínez

I
El título de esta obra es un apocalipsis elevado a la doble potencia. El naufragio es sinónimo de derrota, de extravío y las ruinas, son eso: restos, lo que queda de algo o de uno; la constancia de que algo o alguien estuvo ahí, pero que no pudo sobrevivir a los cambios, las inclemencias.
¿Suena deprimente, no?
Empero, En la ruina de los náufragos es un auténtico acto de amor, un salvavidas, un remanso ante este mundo que parece desmoronarse y donde muchos parecen simples espectadores.

II
Tres son los actores que más que actuar se desnudan ante el espectador y le comparten su tesoro más preciado, eso que los hace saber quiénes son y de dónde vienen: los recuerdos. Recuerdos que servirán para llevar al espectador a un viaje a lo largo de la historia de este país, a través de la historia de sus familiares: abuelos y padres; esos héroes anónimos que día a día levantan una familia, un país y que –probablemente- nunca aparecerán en ningún libro de texto escolar. Dichos recuerdos se acompañan/refuerzan de una serie de objetos y movimientos actorales que ayudan a hacer más tangible la herencia narrativa. A lo largo de la obra se proyectan una serie de frases que ayudan a comprender la importancia que tiene el recuerdo/la memoria en el imaginario colectivo.

III
La memoria y el recuerdo son más que eso. Muchos son los escritores que le han dado cabida a compartirnos sus recuerdos y son joyas literarias: Me acuerdo de Georges Perec; Me acuerdo de Joe Brainard; Yo también me acuerdo de Margo Glantz; o El arte de la fuga, El viaje, El mago de Viena, Una autobiografía soterrada y Memoria de Sergio Pitol. Y pienso que le han dado importancia al ejercicio de recordar, pues la memoria es medicina contra el olvido, es resistencia ante la muerte, es ofrecerle al otro un pedazo de historia y contarle aquellos episodios que no conforman la “Historia de bronce de México” o de cualquier país, pero que sí han contribuido a transformar a una nación.
Ante un mundo tecnológico, donde una noticia se vuelve pasado en menos de un minuto. La memoria se convierte en el refugio de aquello que nos conforma, nos duele y nos define. Sin memoria, no tenemos historia y por ende, no somos nada. Sin recuerdos estamos condenados a la extinción y el olvido.
En la ruina de los náufragos -más que una obra tradicional de teatro- es un momento íntimo, donde los actores comparten con el espectador sus historias personales con el afán de encontrar un refugio para seguir viviendo, para no morir en el infierno más cruel: el olvido. También es una invitación a viajar a nuestros propios recuerdos y así comprender nuestras herencias. Es, también, una exigencia a no dejar morir el paraíso de la palabra escrita y hablada, pues es -quizá- el único lugar en el que ningún gobierno represor podrá irrumpir.
En la ruina de los náufragos recuerda al espectador que aún existen motivos para no perder la esperanza de algún día habitar un mundo mejor y que la inmortalidad existe: se llama recuerdo.

IV
Siempre he tenido un conflicto personal, si analizo mi herencia inmediata, me cuesta trabajo entender quién soy. Mi afinidad por las artes, siempre he creído no provienen de mi familia y no se diga mi condición de soledad y contemplación. Mientras veía la obra, comencé a recordar las historias que me han contado mis primos, mis tíos y mis abuelas; y entonces comprendí que en mis abuelos hay raíces que contribuyeron a ser lo que soy. Nunca conocí a mi abuelo paterno, pero me relatan que solía encerrarse en un cuarto a escuchar jazz, mientras leía un libro y bebía una copa de vino. También narran que siempre le gustaba tener visitas y grandes comilonas en su casa. Siempre he soñado con un gran cuarto propio que albergue mi biblioteca y donde pueda sentarme a escribir y leer; de igual forma, siempre he anhelado tener una gran mesa donde pueda sostener grandes comidas y platicas con muchas personas que estimo.
En la ruina de los náufragos, dicho de otra forma me recordó que los restos, las ruinas o los cimientos son constancia de un pasado que me define, me conforma, me significa.

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“En la ruina de los náufragos”
Dramaturgia: Francisco de León y Bruno Ruiz.
Dirección: Bruno Ruiz.
Elenco: Daniela Bustamante, Dulce Mariel y Jorge Rojas.
Casa Actum: Héroes del 47, no. 9, Col. San Diego Churubusco, Del. Coyoacán.
Sábado 7:00 PM y domingo: 6:00 PM, hasta el 10 de septiembre de 2017.

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